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Venus, hermosa, elegante y vestida -solo Botticelli viste a la diosa-, contempla el sueño de su amado Marte mientras unos pequeños sátiros juegan con las armas del dios de la guerra. La conversión de los habituales cupidos en sátiros tal vez simbolice la lascivia de la relaciones adúlteras entre Venus y Marte, aunque la diosa aparezca vestida. Otro ejemplo de la claridad expresiva de la pintura renacentista y de la elegancia del estilo inconfundible de Botticelli. Ver cuadro en tamaño grande |