Introducción Los estudios sobre evolución son a la fuerza diacrónicos. Los cambios
experimentados por el latín primero y las lenguas románicas después tienen
una cronología que no es siempre fácil de descubrir. Así sabemos que la f inicial
latina tiende a desaparecer. Pues bien esto es verdad sólo durante algunos
siglos de la historia del español. En el Marqués de Santillana leemos fermosa
y Finojosa, por ejemplo. Actualmente la f de fortuna es totalmente estable, sin tendencia a desaparecer o aspirarse.
Podemos en este caso trazar unos términos ante y post quem.
Este cambio, aunque afecta a la evolución sucede enteramente en español. Otro ejemplo es el de la caída la d
intervocálica. Se sigue produciendo, al menos en España, en algunos
casos, como en los participios de verbos como cantar > cantao. Este
cambio sigue, pues, al menos en parte, vigente. Por último la apertura de la ŭ
en o sucede en fase prerrománica, pues desde los primeros textos romances ya
se ha consumado. Me refiero a casos como mŭscam > mosca. Hemos elegido como ejemplos tres
cambios fonéticos, uno que ocurre solo en fase romance, otros sólo en fase
prerromance y otro en ambas. En resumen un aspecto fundamental será
la diacronía o cronología de los cambios. En los cambios fonéticos
intervienen muchos factores. Hemos citado uno muy importante: la diacronía.
En el momento de estudiar los cambios
fonéticos de una palabra debemos pensar en primer lugar en la categoría a la
que pertenece. Los sustantivos, adjetivos y pronombres
poseían en latín una declinación que fue perdiéndose hasta desaparecer. El
caso que perduró en las lenguas románicas occidentales fue el acusativo. Por
esta razón estudiaremos los cambios producidos en estas clases de palabras
partiendo de la forma del acusativo. Los adverbios, conjunciones y
preposiciones se estudiarán a partir de la única forma que tienen. Los verbos mantuvieron una parte
importante de la conjugación latina, de modo que cada forma en particular
derivará de la forma correspondiente latina o se habrá creado ya en fase
romance. Por ejemplo el presente latino se mantuvo en las lenguas romances,
pero el futuro se formó nuevo en fase posiblemente protorromance.
