62 la transmisión de la literatura antigua
a
.
12 los comienzos de la imprenta
A
mediados
del siglo XV puede decirse que la mayor parte de las
obras clásicas que hoy conocemos ya se habían descubierto. Po-
co después, con la invención de la imprenta, se inauguró una nueva
etapa: había que imprimir todas las obras encontradas hasta enton-
ces. Para ello se utilizaban manuscritos, que en muchos casos fueron
destruidos inmediatamente después de editados. Estas primeras edi-
ciones de cada obra se denominan
editiones principes
, y son de un gran
valor para la crítica textual, ya que cuentan como auténticos manus-
critos, sobre todo cuando su texto refleja el de uno perdido, además
de que suelen utilizarse como base para iniciar el trabajo crítico.
Los libros que se editaron hasta
1500
reciben el nombre de incuna-
bles, del francés
incunable
, a su vez del latín
incunabula
, y en última
instancia de
cuna
, ”lecho infantil”, en atención a que la imprenta es-
taba entonces en sus comienzos. Existen dos clases de incunables: los
xilográficos, impresos con planchas de madera, y los tipográficos, im-
presos con tipos móviles. Se trata de ediciones muy rudimentarias, en
las que a veces se dejaban incluso los huecos para iluminar a mano
las letras capitales.
Tomado de:
Scripta
ipta/