Ovidio y su Obra
METAMORFOSIS

Tristia

El origen del mundo El Diluvio Dafne Europa Píramo y Tisbe Níobe Dédalo e Ícaro Orfeo y Eurídice

 


EL ORIGEN DEL MUNDO (I, 1 y ss.)







5




10




15




20




25




30




35




40




45




50




55




60




65




70




75




80




85



     In noua fert animus mutatas dicere formas
corpora: di, coeptis, nam uos mutatis et illas,
adspirate meis primaque ab origine mundi
ad mea perpetuum deducite tempora carmen!

     Ante mare et terras et quod tegit omnia caelum
unus erat toto naturae uultus in orbe,
quem dixere chaos: rudis indigestaque moles
nec quicquam nisi pondus iners congestaque eodem
non bene iunctarum discordia semina rerum.
Nullus adhuc mundo praebebat lumina Titan,
nec noua crescendo reparabat cornua Phoebe,
nec circumfuso pendebat in aere tellus
ponderibus librata suis, nec bracchia longo
margine terrarum porrexerat Amphitrite;
utque erat et tellus illic et pontus et aer,
sic erat instabilis tellus, innabilis unda,
lucis egens aer; nulli sua forma manebat,
obstabatque aliis aliud, quia corpore in uno
frigida pugnabant calidis, umentia siccis,
mollia cum duris, sine pondere, habentia pondus.
     Hanc deus et melior litem natura diremit.
Nam caelo terras et terris abscidit undas
et liquidum spisso secreuit ab aere caelum.
Quae postquam euoluit caecoque exemit aceruo,
dissociata locis concordi pace ligauit:
ignea conuexi uis et sine pondere caeli
emicuit summaque locum sibi fecit in arce;
proximus est aer illi leuitate locoque;
densior his tellus elementaque grandia traxit
et pressa est grauitate sua; circumfluus umor
ultima possedit solidumque coercuit orbem.
     Sic ubi dispositam quisquis fuit ille deorum
congeriem secuit sectamque in membra coegit,
principio terram, ne non aequalis ab omni
parte foret, magni speciem glomerauit in orbis.
Tum freta diffundi rapidisque tumescere uentis
iussit et ambitae circumdare litora terrae;
addidit et fontes et stagna inmensa lacusque
fluminaque obliquis cinxit decliuia ripis,
quae, diuersa locis, partim sorbentur ab ipsa,
in mare perueniunt partim campoque recepta
liberioris aquae pro ripis litora pulsant.
Iussit et extendi campos, subsidere ualles,
fronde tegi siluas, lapidosos surgere montes,
utque duae dextra caelum totidemque sinistra
parte secant zonae, quinta est ardentior illis,
sic onus inclusum numero distinxit eodem
cura dei, totidemque plagae tellure premuntur.
Quarum quae media est, non est habitabilis aestu;
nix tegit alta duas; totidem inter utramque locauit
temperiemque dedit mixta cum frigore flamma.
     Inminet his aer, qui, quanto est pondere terrae
pondus aquae leuius, tanto est onerosior igni.
Illic et nebulas, illic consistere nubes
iussit et humanas motura tonitrua mentes
et cum fulminibus facientes fulgura uentos.
     His quoque non passim mundi fabricator habendum
aera permisit; uix nunc obsistitur illis,
cum sua quisque regat diuerso flamina tractu,
quin lanient mundum; tanta est discordia fratrum.
Eurus ad Auroram Nabataeaque regna recessit
Persidaque et radiis iuga subdita matutinis;
uesper et occiduo quae litora sole tepescunt,
proxima sunt Zephyro; Scythiam septemque triones
horrifer inuasit Boreas; contraria tellus
nubibus adsiduis pluuiaque madescit ab Austro.
Haec super inposuit liquidum et grauitate carentem
aethera nec quicquam terrenae faecis habentem.
     Vix ita limitibus dissaepserat omnia certis,
cum, quae pressa diu fuerant caligine caeca,
sidera coeperunt toto efferuescere caelo;
neu regio foret ulla suis animalibus orba,
astra tenent caeleste solum formaeque deorum,
cesserunt nitidis habitandae piscibus undae,
terra feras cepit, uolucres agitabilis aer.
     Sanctius his animal mentisque capacius altae
deerat adhuc et quod dominari in cetera posset:
natus homo est, siue hunc diuino semine fecit
ille opifex rerum, mundi melioris origo,
siue recens tellus seductaque nuper ab alto
aethere cognati retinebat semina caeli.
Quam satus Iapeto, mixtam pluuialibus undis,
finxit in effigiem moderantum cuncta deorum,
pronaque cum spectent animalia cetera terram,
os homini sublime dedit caelumque uidere
iussit et erectos ad sidera tollere uultus:
sic, modo quae fuerat rudis et sine imagine, tellus
induit ignotas hominum conuersa figuras.

     Mi espíritu me lleva a cantar las formas cambiadas en nuevos cuerpos: ¡dioses, puesto que también vosotros las cambiasteis, sed propicios a mi empresa y guiad mi poema desde el primer origen del mundo hasta mis tiempos!

     Antes del mar y las tierras y el cielo, que cubre todas las cosas, el aspecto de la Naturaleza en todo el orbe era uno, al que llemaron Caos: una mole ruda e informe y no había nada sino peso inerte y, amontonados allí mismo, elementos discordantes de las cosas no bien unidas. Ningún Titán proporcionaba todavía luces al mundo ni Febe renovaba, creciendo, sus nuevos cuernos, ni la tierra pendía en el aire que la envolvió equilibrada por sus propios pesos, ni Anfitrite había extendido sus brazos por el largo borde de las tierras; y como estaba allí no sólo la tierra sino también el mar y el aire, así era inestable la tierra, innavegable el agua, carente de luz el aire; para ninguna cosa se mantenía su propia forma y una era un obstáculo para las otras, porque en un único cuerpo luchaban las cosas frías con las calientes, las húmedas con las secas, las blandas con las duras, las que tenían peso con las sin peso.

     Un dios y una Naturaleza mejor terminó esta lid. Pues dividió las tierras del cielo y las aguas de las tierras y separó el cielo puro del denso aire. Después que hizo salir estas cosas y las sacó del ciego montón, unió las cosas disociadas con paz armónica en sus lugares: la fuerza ígnea y sin peso del convexo cielo brotó y en la más alta ciudadela se hizo un lugar; próximo a aquél está el aire por su levedad y por el lugar; más densa que estos, la tierra arrastró grandes elementos y fue oprimida por su propio peso; la humedad que fluye alrededor ocupó las últimas cosas y contuvo al orbe sólido.

     Así, cuando, quienquiera de los dioses que fue aquél, dividió la masa disponible y ordenó la separada en miembros, en un principio acumuló la tierra en forma de una gran esfera, para que fuera igual por todo lugar. Entonces, ordenó que los mares se extendieran y se encresparan con vientos violentos y rodearan los litorales de la tierra circundada; añadió fuentes e inmensas lagunas y lagos y ciñó los ríos en declive con orillas inclinadas, que, separados por los lugares, en parte son absorbidos por la misma tierra, en parte llegan al mar y recibidos por una llanura de agua más libre baten litorales en lugar de riberas. Ordenó también que los campos se extendieran, que los valles se bajaran, que los bosques se cubrieran de follaje, que los montes pedregosos se levantaran, y como dos zonas dividen el cielo por la parte derecha y otras tantas por la izquierda, una quinta es más ardiente que aquellas, así el cuidado del dios separó con el mismo número el peso encerrado y otras tantas regiones son abarcadas por la tierra. De estas, la que está en medio, no es habitable por el calor; la nieve alta cubre otras dos; colocó otras tantas entre una y otra y les dio equilibrio, mezclada la llama con el frío.

     Está suspendido sobre estas el aire, que es tanto más pesado que el fuego, cuanto el peso del agua es más ligero que el peso de la tierra. Mandó que allí las nieblas, que allí las nubes se pusieran y los truenos que iban a conmover las mentes humanas y los vientos que hacían relámpagos con rayos.
     Tampoco el creador del mundo les permitió ocupar el aire desordenadamente; ahora apenas se opone a estos, aunque cada uno rige sus soplos en diversa región, para que no despedacen el mundo; tan grande es la discordia de los hermanos. El Euro se retiró hacia la Aurora y los reinos nabateos y hacia Persia y los collados sometidos a los rayos matutinos; la tarde y las costas que se calientan con el sol poniente, están cercanas al Céfiro; el horrible Bóreas invadió la Escitia y los siete bueyes; la tierra contraria se humedece con las asiduas nubes y la lluvia del Austro. Sobre estas cosas puso el éter claro y carente de peso y que nada tiene de la suciedad terrenal.

     Apenas había dividido así todas las cosas con límites ciertos, cuando las estrellas, que largo tiempo habían estado oprimidas por una oscura niebla, empezaron a hervir en el cielo; para que no hubiera región alguna privada de seres vivos, los astros y las figuras de los dioses ocupan el suelo celeste, las aguas que debían ser habitadas tocaron en suerte a los brillantes peces, la tierra acogió a las fieras, el agitable aire a los que vuelan.
     Faltaba todavía un ser vivo más sagrado que aquellos y capaz de una mente más elevada y que pudiera dominar a los demás: nació el hombre, ya si lo hizo con semilla divina aquel creador de cosas, origen de un mundo mejor, ya si la reciente tierra y separada hace poco del alto éter retenía semillas del emparentado cielo. El nacido de Jápeto la modeló, mezclada con aguas pluviales, a imagen de los dioses que gobiernan todas las cosas, y como los demás seres vivos miraran la tierra inclinados, dio al hombre un rostro elevado y le ordenó mirar el cielo y elevar sus levantadas caras a las estrellas: así, la tierra, que hace poco había sido ruda y sin forma, transformada, se cubrió de las desconocidas figuras de los hombres.

 


EL DILUVIO (I, 253 y ss.)




255




260




265




270




275




280




285




290




295




300




305




310


     Iamque erat in totas sparsurus fulmina terras;
sed timuit, ne forte sacer tot ab ignibus aether
conciperet flammas longusque ardesceret axis:
esse quoque in fatis reminiscitur, adfore tempus,
quo mare, quo tellus correptaque regia caeli
ardeat et mundi proles obsessa laboret.
Tela reponuntur manibus fabricata cyclopum;
poena placet diuersa, genus mortale sub undis
perdere et ex omni nimbos demittere caelo.
     Protinus Aeoliis Aquilonem claudit in antris
et quaecumque fugant inductas flamina nubes
emittitque Notum. Madidis Notus euolat alis,
terribilem picea tectus caligine uultum;
barba grauis nimbis, canis fluit unda capillis;
fronte sedent nebulae, rorant pennaeque sinusque.
Vtque manu lata pendentia nubila pressit,
fit fragor: hinc densi funduntur ab aethere nimbi;
nuntia Iunonis uarios induta colores
concipit Iris aquas alimentaque nubibus adfert.
Sternuntur segetes et deplorata coloni
uota iacent, longique perit labor inritus anni.
      Nec caelo contenta suo est Iouis ira, sed illum
caeruleus frater iuuat auxiliaribus undis.
Conuocat hic amnes: qui postquam tecta tyranni
intrauere sui, 'non est hortamine longo
nunc' ait 'utendum; uires effundite uestras:
sic opus est! Aperite domos ac mole remota
fluminibus uestris totas inmittite habenas!'
Iusserat; hi redeunt ac fontibus ora relaxant
et defrenato uoluuntur in aequora cursu.
     Ipse tridente suo terram percussit, at illa
intremuit motuque uias patefecit aquarum.
Exspatiata ruunt per apertos flumina campos
cumque satis arbusta simul pecudesque uirosque
tectaque cumque suis rapiunt penetralia sacris.
Si qua domus mansit potuitque resistere tanto
indeiecta malo, culmen tamen altior huius
unda tegit, pressaeque latent sub gurgite turres.
Iamque mare et tellus nullum discrimen habebant:
omnia pontus erat, derant quoque litora ponto.
     Occupat hic collem, cumba sedet alter adunca
et ducit remos illic, ubi nuper arabat:
ille supra segetes aut mersae culmina uillae
nauigat, hic summa piscem deprendit in ulmo.
Figitur in uiridi, si fors tulit, ancora prato,
aut subiecta terunt curuae uineta carinae;
et, modo qua graciles gramen carpsere capellae,
nunc ibi deformes ponunt sua corpora phocae.
Mirantur sub aqua lucos urbesque domosque
Nereides, siluasque tenent delphines et altis
incursant ramis agitataque robora pulsant.
Nat lupus inter oues, fuluos uehit unda leones,
unda uehit tigres; nec uires fulminis apro,
crura nec ablato prosunt uelocia ceruo,
quaesitisque diu terris, ubi sistere possit,
in mare lassatis uolucris uaga decidit alis.
Obruerat tumulos inmensa licentia ponti,
pulsabantque noui montana cacumina fluctus.
Maxima pars unda rapitur; quibus unda pepercit,
illos longa domant inopi ieiunia uictu.

     Y ya iba a esparcir sus rayos a todas las tierras; pero temió que quizás el sagrado éter recibiese llamas de tantos fuegos y su largo eje ardiera: también recuerda que estaba en los Hados que llegaría un tiempo en el que el mar, en el que la tierra y los arrebatados palacios del cielo ardan y la descendencia del mundo padezca oprimida. Son guardadas las armas fabricadas por las manos de los Cíclopes, le place un castigo diferente, perder el género mortal bajo las aguas y enviar lluvias torrenciales desde todo el cielo.
     Inmediatamente encierra al Aquilón en las cuevas eólicas y a cualesquiera vientos que ahuyenten nubes llegadas y suelta al Noto. Vuela el Noto de húmedas alas con su terrible rostro cubierto por una negra niebla; su barba pesada de nimbos, el agua fluye por sus canos cabellos; las nieblas se asientan en su frente, gotean rocío sus plumas y su pecho. Y cuando oprimió con su amplia mano las colgantes nubes, se hace un fragor: entonces los densos nimbos se derraman desde el éter. La mensajera de Juno, vestida de variados colores, Iris recoge las aguas y lleva alimentos a las nubes. Son arrasados los campos y yacen los llorados deseos del campesino y perece el esfuerzo inútil de un largo año.
      Y no se contuvo la ira de Júpiter en su cielo, sino que su azulado hermano lo ayuda con aguas auxiliares. Convoca este a las aguas: después que estas entraron entraron al palacio del soberano, dice: "No hay que usar ahora de una larga exhortación; derramad vuestras fuerzas: ¡así es necesario! ¡Abrid las casas y, quitada la mole, soltad todas las riendas a vuestros ríos!" Había mandado; estas regresan y abren las bocas a las fuentes y se deslizan hacia los mares en desenfrenada carrera.

     Él mismo golpeó con su tridente la tierra y aquella se estremeció y con el movimiento abrió caminos a las aguas. Los ríos corren desbordados por campos abiertos y arrastran juntamente con los sembrados arbustos y rebaños y hombres y techos y santuarios con sus cosas sagradas. Si alguna casa permaneció y pudo resistir no revuelta a tan gran mal, sin embargo, el agua, más alta, cubre su techo y las torres se ocultan apresadas bajo el torbellino. Y ya mar y tierra ninguna distinción tenían: todo era mar, faltaban incluso orillas al mar.

     Uno ocupa una colina, otro se sienta en una corva barca y lleva sus remos allí, donde hace poco araba: aquel navega sobre sus campos o las cumbres de su villa sumergida, este coge un pez en lo más alto de un olmo. Si la suerte lo permite, fija el ancla en un verde prado, o las curvadas quillas rozan los viñedos de debajo y por donde hace poco las gráciles cabrillas tomaron hierba, allí ahora las deformes focas ponen sus cuerpos. Admiran las Nereidas los bosques y las ciudades y las casas bajo el agua y los delfines ocupan las selvas y hacen incursiones por las altas ramas y golpean los agitados robles. El lobo nada entre ovejas, el agua lleva amarillos leones, el agua lleva tigres; y no le sirven al jabalí sus fuerzas de rayo, ni al arrastrado ciervo sus veloces patas y el ave errante, buscadas tierras largo tiempo donde poder posarse, cansadas sus alas, cae al mar. La inmensa libertad del mar había cubierto colinas y nuevas corrientes golpeaban las cimas montañosas. La mayor parte es arrastrada por el agua; a quienes perdonó el agua, los dominan largos ayunos por la escasa comida.


DAFNE (I, 452 y ss.)





455




460




465




470




475




480




485




490




495




500




505




510




515




520





525




530




535




540




545




550





555




560




565

     Primus amor Phoebi Daphne Peneia, quem non
fors ignara dedit, sed saeua Cupidinis ira.
Delius hunc nuper, uicta serpente superbus,
uiderat adducto flectentem cornua neruo
'quid' que 'tibi, lasciue puer, cum fortibus armis?'
dixerat: 'ista decent umeros gestamina nostros,
qui dare certa ferae, dare uulnera possumus hosti,
qui modo pestifero tot iugera uentre prementem
strauimus innumeris tumidum Pythona sagittis.
Tu face nescio quos esto contentus amores
inritare tua, nec laudes adsere nostras!'
Filius huic Veneris 'figat tuus omnia, Phoebe,
te meus arcus' ait; 'quantoque animalia cedunt
cuncta deo, tanto minor est tua gloria nostra.'
Dixit et eliso percussis aere pennis
inpiger umbrosa Parnasi constitit arce
eque sagittifera prompsit duo tela pharetra
diuersorum operum: fugat hoc, facit illud amorem;
quod facit, auratum est et cuspide fulget acuta;
quod fugat, obtusum est et habet sub harundine plumbum.
Hoc deus in nympha Peneide fixit, at illo
laesit Apollineas traiecta per ossa medullas;
protinus alter amat, fugit altera nomen amantis
siluarum latebris captiuarumque ferarum
exuuiis gaudens innuptaeque aemula Phoebes:
uitta coercebat positos sine lege capillos.
     Multi illam petiere, illa auersata petentes
inpatiens expersque uiri nemora auia lustrat
nec, quid Hymen, quid Amor, quid sint conubia curat.
Saepe pater dixit: 'generum mihi, filia, debes,'
saepe pater dixit: 'debes mihi, nata, nepotes';
illa uelut crimen taedas exosa iugales
pulchra uerecundo suffuderat ora rubore
inque patris blandis haerens ceruice lacertis
'da mihi perpetua, genitor carissime,' dixit
'uirginitate frui! Dedit hoc pater ante Dianae.'
Ille quidem obsequitur, sed te decor iste quod optas
esse uetat, uotoque tuo tua forma repugnat:
     Phoebus amat uisaeque cupit conubia Daphnes,
quodque cupit, sperat, suaque illum oracula fallunt,
utque leues stipulae demptis adolentur aristis,
ut facibus saepes ardent, quas forte uiator
uel nimis admouit uel iam sub luce reliquit,
sic deus in flammas abiit, sic pectore toto
uritur et sterilem sperando nutrit amorem.
Spectat inornatos collo pendere capillos
et 'quid, si comantur?' ait. Videt igne micantes
sideribus similes oculos, uidet oscula, quae non
est uidisse satis; laudat digitosque manusque
bracchiaque et nudos media plus parte lacertos;
si qua latent, meliora putat. Fugit ocior aura
illa leui neque ad haec reuocantis uerba resistit:
'nympha, precor, Penei, mane! Non insequor hostis;
nympha, mane! Sic agna lupum, sic cerua leonem,
sic aquilam penna fugiunt trepidante columbae,
hostes quaeque suos: amor est mihi causa sequendi!
Me miserum! Ne prona cadas indignaue laedi
crura notent sentes et sim tibi causa doloris!
Aspera, qua properas, loca sunt: moderatius, oro,
curre fugamque inhibe, moderatius insequar ipse.
Cui placeas, inquire tamen: non incola montis,
non ego sum pastor, non hic armenta gregesque
horridus obseruo. Nescis, temeraria, nescis,
quem fugias, ideoque fugis: mihi Delphica tellus
et Claros et Tenedos Patareaque regia seruit;
Iuppiter est genitor; per me, quod eritque fuitque
estque, patet; per me concordant carmina neruis.
Certa quidem nostra est, nostra tamen una sagitta
certior, in uacuo quae uulnera pectore fecit!
Inuentum medicina meum est, opiferque per orbem
dicor, et herbarum subiecta potentia nobis.
Ei mihi, quod nullis amor est sanabilis herbis
nec prosunt domino, quae prosunt omnibus, artes!'

     Plura locuturum timido Peneia cursu
fugit cumque ipso uerba inperfecta reliquit,
tum quoque uisa decens; nudabant corpora uenti,
obuiaque aduersas uibrabant flamina uestes,
et leuis inpulsos retro dabat aura capillos,
auctaque forma fuga est. Sed enim non sustinet ultra
perdere blanditias iuuenis deus, utque monebat
ipse Amor, admisso sequitur uestigia passu.
Vt canis in uacuo leporem cum Gallicus aruo
uidit, et hic praedam pedibus petit, ille salutem;
alter inhaesuro similis iam iamque tenere
sperat et extento stringit uestigia rostro,
alter in ambiguo est, an sit conprensus, et ipsis
morsibus eripitur tangentiaque ora relinquit:
sic deus et uirgo; est hic spe celer, illa timore.
Qui tamen insequitur pennis adiutus Amoris,
ocior est requiemque negat tergoque fugacis
inminet et crinem sparsum ceruicibus adflat.
Viribus absumptis expalluit illa citaeque
uicta labore fugae spectans Peneidas undas
'fer, pater,' inquit 'opem! Si flumina numen habetis,
qua nimium placui, mutando perde figuram!'
Vix prece finita torpor grauis occupat artus,
mollia cinguntur tenui praecordia libro,
in frondem crines, in ramos bracchia crescunt,
pes modo tam uelox pigris radicibus haeret,
ora cacumen habet: remanet nitor unus in illa.

     Hanc quoque Phoebus amat positaque in stipite dextra
sentit adhuc trepidare nouo sub cortice pectus
conplexusque suis ramos ut membra lacertis
oscula dat ligno; refugit tamen oscula lignum.
Cui deus 'at, quoniam coniunx mea non potes esse,
arbor eris certe' dixit 'mea! Semper habebunt
te coma, te citharae, te nostrae, laure, pharetrae;
tu ducibus Latiis aderis, cum laeta Triumphum
uox canet et uisent longas Capitolia pompas;
postibus Augustis eadem fidissima custos
ante fores stabis mediamque tuebere quercum,
utque meum intonsis caput est iuuenale capillis,
tu quoque perpetuos semper gere frondis honores!'

     El primer amor de Febo fue Dafne, la de Peneo, el cual no lo ocasionó la fortuna ignorante sino la cruel ira de Cupido. Recientemente, el Delio, soberbio por haber vencido a la serpiente, lo había visto doblando el arco, tensada la cuerda, y le había dicho: "¿Qué haces, lascivo niño, con armas fuertes? Estos objetos sientan bien a nuestros hombros, quienes podemos causar certeras heridas a una fiera, causarlas a un enemigo, quienes hace poco derribamos con innumerables flechas al airado Pitón que oprimía con su vientre tantas yugadas. ¡Tú conténtate con provocar no sé qué amores con tu antorcha y no reivindiques nuestras alabanzas!" El hijo de Venus le dice: "Traspase tu arco todas las cosas, a ti el mío; y como todos los seres vivos son inferiores a un dios, tanto menor es tu gloria que la nuestra." Dijo y movido violentamente el aire, agitadas sus plumas, se colocó diligente en la umbrosa ciudadela del Parnaso y del carcaj lleno de flechas sacó dos armas de cometidos distintos: esta ahuyenta el amor, aquella lo crea; la que lo crea, es dorada y brilla con su aguda punta; la que lo ahuyenta, es roma y tiene plomo bajo la caña. El dios clavó esta en la ninfa hija de Peneo, pero hirió con aquella las entrañas apolíneas a través de los huesos atravesados; inmediatamente ama el uno, escapa la otra del nombre del que ama, gozando en las cuevas de los bosques y con los despojos de fieras capturadas y es émula de la no casada Febe; una cinta recogía sus cabellos puestos sin orden.

     Muchos la pretendieron, ella rechazando a los prentendientes recorre bosques intransitables impasible y desprovista de varón y no le preocupa qué es el Himeneo, qué Amor, qué el matrimonio. A menudo, su padre le dijo: "Hija, me debes un yerno.", a menudo, su padre le dijo: "Hija, me debes unos nietos."; ella odiando las antorchas conyugales como un crimen bañaba su hermoso rostro con vegonzoso rubor y, colgándose con sus tiernos brazos en el cuello de su padre, dijo: "¡Concédeme, queridísimo padre, gozar de perpetua virginidad! Antes se lo concedió su padre a Diana." Aquél ciertamente obedece, pero esa belleza te impide ser lo que deseas y tu hermosura lucha contra tu voto.
     Febo la ama y desea el matrimonio de la contemplada Dafne, y lo que desea, lo espera, y sus propios oráculos le engañan, y como se queman los ligeros rastrojos, quitadas las espigas, como arden los setos por las antorchas que un caminante quizás o acercó demasiado o dejó con el día, así el dios se convierte en llamas, así se quema en su pecho todo y alimenta un amor imposible esperando. Contempla sus desordenados cabellos colgar del cuello y dice: "¿Qué, si estuvieran peinados?" Ve sus ojos, brillando con fuego, similares a estrellas ve sus labios, que no basta con verlos; alaba sus dedos y sus manos y sus antebrazos y sus brazos desnudos más de la mitad; si algunas cosas quedan ocultas, las considera mejores. Huye ella más veloz que la brisa ligera y no se detiene ante las palabras del que la llama: "¡Ninfa, te lo ruego, hija de Peneo, aguarda! No te sigo como enemigo; ¡ninfa, aguarda! Así huye la cordera al lobo, así la cierva al león, así las palomas con pluma temblorosa al águila, cada uno a sus enemigos: ¡el amor es para mí la causa de perseguirte! ¡Ay mísero de mí! ¡no te vayas a caer hacia adelante y las zarzas sientan tus piernas que no merecen daño y sea yo para ti causa de dolor! Los lugares por donde te apresuras son abruptos: corre más despacio, te lo suplico, y detén la huida, yo mismo te seguiré más despacio. Sin embargo, entérate a quién gustas: yo no soy un habitante del monte, no un pastor, no cuido aquí manadas ni rebaños como ser horrendo. No sabes, temeraria, no sabes de quién huyes y por eso huyes: la tierra de Delfos y Claros y Ténedos y los palacios patareos me sirven; ¡Júpiter es mi padre! Por mí queda patente lo que será y lo que fue y lo que es; por mí concuerdan los poemas con las cuerdas. En verdad, nuestra flecha es certera, sin embargo, ¡más certera que la nuestra es una que hizo heridas en mi pecho abierto! La medicina es invento mío y soy llamado auxiliador por el orbe y los poderes de las hierbas se nos sometieron. ¡Ay de mí, porque el amor no es curable con ningunas hierbas, y no aprovechan a su señor las artes que aprovechan a todos!"
     La hija de Peneo en su temerosa carrera huye del que iba a decir más cosas y dejó junto con él mismo sus palabras inacabadas, también entonces le pareció hermosa; los vientos desnudaban partes de su cuerpo y los soplos de frente hacían vibrar sus vestidos por delante y la ligera brisa echaba hacia atrás los cabellos golpeados y su hermosura se aumentó con la huida. Pero, en efecto, el joven dios no soporta más perder sus caricias y como aconsejaba el propio Amor, sigue las huellas con paso lanzado. Como cuando un perro gálico ve una liebre en campo abierto y con sus patas éste busca la presa, aquella la salvación; uno similar al que va a cogerla espera tenerla ya mismo y roza las huellas con el hocico extendido; la otra está en duda si será capturada y escapa a los mismos mordiscos y deja la boca que la toca: así el dios y la doncella; este es rápido por la esperanza, aquella por el temor. Sin embargo, este la persigue ayudado por las alas del amor, es más rápido y le niega el descanso y amenaza la espalda de la que huye y sopla su cabello esparcido por el cuello. Ella, consumidas sus fuerzas, palideció y vencida por el esfuerzo de la rápida huida, mirando las aguas del Peneo, dice: "¡Ayúdame, padre! Si los ríos tenéis poder divino, echa a perder, metmorfoseándola, mi figura por la que agradé demasiado!" Apenas terminada la súplica, una pesada torpeza ocupa sus miembros, sus blandos pechos se ciñen con una tenue corteza, sus cabellos crecen en follaje, sus brazos en ramas; su pie tan veloz hace poco, queda fijo en perezosas raíces, la copa ocupa su cabeza: únicamente el brillo permanece en ella.
     Febo también la ama y, puesta su diestra en el tronco, siente todavía temblar su pecho bajo la corteza nueva y abrazando con sus brazos las ramas, como miembros, da besos al leño; sin embargo, el leño rehúye los besos. El dios le dijo: "¡puesto que no puedes ser mi cónyuge, serás ciertamente mi árbol! Siempre te tendrán, laurel, mi cabellera, mis cítaras, mis carcajes; tú estarás presente para los jefes latinos cuando una alegre voz cante el Triunfo y los Capitolios vean largos desfiles; tú misma estarás como guardián fidelísima ante los postigos de las puertas augusteas y protegerás la encina central y como mi juvenil cabeza está con los cabellos sin cortar, lleva también tú siempre los honores perpetuos de tu follaje!"


EL RAPTO DE EUROPA (II, 836 y ss.)

     Europa, hija del rey Agénor, joven y hermosa, se paseaba a orillas del mar Mediterráneo, siendo observada por Zeus ...






840




845




850




855




860




865




870




875

     Seuocat hunc genitor nec causam fassus amoris
'fide minister' ait 'iussorum, nate, meorum,
pelle moram solitoque celer delabere cursu,
quaeque tuam matrem tellus a parte sinistra
suspicit (indigenae Sidonida nomine dicunt),
hanc pete, quodque procul montano gramine pasci
armentum regale uides, ad litora uerte!'
Dixit, et expulsi iamdudum monte iuuenci
litora iussa petunt, ubi magni filia regis
ludere uirginibus Tyriis comitata solebat.
Non bene conueniunt nec in una sede morantur
maiestas et amor; sceptri grauitate relicta
ille pater rectorque deum, cui dextra trisulcis
ignibus armata est, qui nutu concutit orbem,
induitur faciem tauri mixtusque iuuencis
mugit et in teneris formosus obambulat herbis.
Quippe color niuis est, quam nec uestigia duri
calcauere pedis nec soluit aquaticus auster.
Colla toris exstant, armis palearia pendent,
cornua parua quidem, sed quae contendere possis
facta manu, puraque magis perlucida gemma.
Nullae in fronte minae, nec formidabile lumen:
pacem uultus habet. Miratur Agenore nata,
quod tam formosus, quod proelia nulla minetur;
sed quamuis mitem metuit contingere primo,
mox adit et flores ad candida porrigit ora.
Gaudet amans et, dum ueniat sperata uoluptas,
oscula dat manibus; uix iam, uix cetera differt;
et nunc adludit uiridique exsultat in herba,
nunc latus in fuluis niueum deponit harenis;
paulatimque metu dempto modo pectora praebet
uirginea plaudenda manu, modo cornua sertis
inpedienda nouis; ausa est quoque regia uirgo
nescia, quem premeret, tergo considere tauri,
cum deus a terra siccoque a litore sensim
falsa pedum primis uestigia ponit in undis;
inde abit ulterius mediique per aequora ponti
fert praedam: pauet haec litusque ablata relictum
respicit et dextra cornum tenet, altera dorso
inposita est; tremulae sinuantur flamine uestes.

     Su padre lo llama aparte y, no confesando la causa de su amor, le dice: "¡Fiel servidor de mis órdenes, hijo, no te demores y deslízate rápido por la ruta acostumbrada y ve a la tierra que mira a tu madre por la parte izquierda (los indígenas la llaman con el nombre de Sidón), y dirige a la costa aquel rebaño real que ves pacer lejos en la hierba de la montaña!" Dijo, y los novillos, expulsados al instante de la montaña, se dirigen a la costa que se había ordenado, donde la hija de un gran rey solía jugar acompañada por doncellas tirias. No están de acuerdo bien ni moran en una única sede la majestad y el amor; abandonada la gravedad del cetro, aquél famoso padre y jefe de los dioses, que tiene su diestra armada con fuegos triples, que sacude el orbe con una seña, se viste con el aspecto de un toro y mezclado entre los novillos muge y va y viene, hermoso, en las tiernas hierbas. Ciertamente su color es propio de la nieve, que ni pisotearon las plantas de un duro pie ni disolvió el húmedo Austro. Su cuello sobresale con los músculos, sus papadas penden por sus ijares, los cuernos, en verdad, pequeños, pero podrías afirmar que se hicieron a mano y más claros que una gema pura. Ninguna amenaza en su frente, ni temible mirada: su rostro lleva en sí la paz. Se admira la hija de Agénor de que sea tan hermoso, de que no amenace ataque alguno; pero, aunque manso, temió tocarlo en un principio, luego se acerca y le ofrece flores junto a su blanca boca. Se alegra el amante y, mientras llega el esperado placer, da besos en sus manos; apenas ya, apenas difiere las demás cosas; y ahora juega y salta en la verdad hierba, ahora pone su níveo costado en la amarillenta arena; y, quitado el miedo poco a poco, ya le ofrece su pecho para que lo golpee con virginal mano, ya los cuernos para que los entrelace con nuevas guirnaldas; se atrevió también la doncella real, ignorante de a quién dominaba, a sentarse en la espalda del toro, cuando el dios poco a poco lejos de la tierra y del seco litoral pone las falsas huellas de sus pies en las aguas; luego se aleja más allá y lleva su presa por las llanuras centrales del mar: esta se asusta y, raptada, se vuelve a mirar el litoral abandonado y con su diestra sujeta un cuerno, la otra se colocó en el lomo; su vestido trémulo se hace sinuoso con el viento.


 

PÍRAMO Y TISBE (IV, 55 y ss.)


55




60




65




70




75




80




85




90





95




100




105




110




115




120




125




130




135




140




145




150




155




160




165



     Pyramus et Thisbe, iuuenum pulcherrimus alter,
altera, quas Oriens habuit, praelata puellis,
contiguas tenuere domos, ubi dicitur altam
coctilibus muris cinxisse Semiramis urbem.
Notitiam primosque gradus uicinia fecit,
tempore creuit amor; taedae quoque iure coissent,
sed uetuere patres: quod non potuere uetare,
ex aequo captis ardebant mentibus ambo.
Conscius omnis abest; nutu signisque loquuntur,
quoque magis tegitur, tectus magis aestuat ignis.
Fissus erat tenui rima, quam duxerat olim,
cum fieret, paries domui communis utrique.
Id uitium nulli per saecula longa notatum
(quid non sentit amor?) primi uidistis amantes
et uocis fecistis iter, tutaeque per illud
murmure blanditiae minimo transire solebant.
Saepe, ubi constiterant hinc Thisbe, Pyramus illinc,
inque uices fuerat captatus anhelitus oris,
"inuide" dicebant "paries, quid amantibus obstas?
Quantum erat, ut sineres toto nos corpore iungi
aut, hoc si nimium est, uel ad oscula danda pateres?
Nec sumus ingrati: tibi nos debere fatemur,
quod datus est uerbis ad amicas transitus auris."
Talia diuersa nequiquam sede locuti
sub noctem dixere "uale" partique dedere
oscula quisque suae non peruenientia contra.
Postera nocturnos Aurora remouerat ignes,
solque pruinosas radiis siccauerat herbas:
ad solitum coiere locum. Tum murmure paruo
multa prius questi statuunt, ut nocte silenti
fallere custodes foribusque excedere temptent,
cumque domo exierint, urbis quoque tecta relinquant,
neue sit errandum lato spatiantibus aruo,
conueniant ad busta Nini lateantque sub umbra
arboris: arbor ibi niueis uberrima pomis,
ardua morus, erat, gelido contermina fonti.
Pacta placent; et lux, tarde discedere uisa,
praecipitatur aquis, et aquis nox exit ab isdem.

     Callida per tenebras uersato cardine Thisbe
egreditur fallitque suos adopertaque uultum
peruenit ad tumulum dictaque sub arbore sedit.
Audacem faciebat amor. Venit ecce recenti
caede leaena boum spumantis oblita rictus
depositura sitim uicini fontis in unda;
quam procul ad lunae radios Babylonia Thisbe
uidit et obscurum timido pede fugit in antrum,
dumque fugit, tergo uelamina lapsa reliquit.
Vt lea saeua sitim multa conpescuit unda,
dum redit in siluas, inuentos forte sine ipsa
ore cruentato tenues laniauit amictus.
Serius egressus uestigia uidit in alto
puluere certa ferae totoque expalluit ore
Pyramus; ut uero uestem quoque sanguine tinctam
repperit, "una duos" inquit "nox perdet amantes,
e quibus illa fuit longa dignissima uita;
nostra nocens anima est. Ego te, miseranda, peremi,
in loca plena metus qui iussi nocte uenires
nec prior huc ueni. Nostrum diuellite corpus
et scelerata fero consumite uiscera morsu,
o quicumque sub hac habitatis rupe leones!
Sed timidi est optare necem." Velamina Thisbes
tollit et ad pactae secum fert arboris umbram,
utque dedit notae lacrimas, dedit oscula uesti,
"accipe nunc" inquit "nostri quoque sanguinis haustus!"
Quoque erat accinctus, demisit in ilia ferrum,
nec mora, feruenti moriens e uulnere traxit.
Vt iacuit resupinus humo, cruor emicat alte,
non aliter quam cum uitiato fistula plumbo
scinditur et tenui stridente foramine longas
eiaculatur aquas atque ictibus aera rumpit.
Arborei fetus adspergine caedis in atram
uertuntur faciem, madefactaque sanguine radix
purpureo tinguit pendentia mora colore.
     Ecce metu nondum posito, ne fallat amantem,
illa redit iuuenemque oculis animoque requirit,
quantaque uitarit narrare pericula gestit;
utque locum et uisa cognoscit in arbore formam,
sic facit incertam pomi color: haeret, an haec sit.
Dum dubitat, tremebunda uidet pulsare cruentum
membra solum, retroque pedem tulit, oraque buxo
pallidiora gerens exhorruit aequoris instar,
quod tremit, exigua cum summum stringitur aura.
Sed postquam remorata suos cognouit amores,
percutit indignos claro plangore lacertos
et laniata comas amplexaque corpus amatum
uulnera suppleuit lacrimis fletumque cruori
miscuit et gelidis in uultibus oscula figens
"Pyrame," clamauit, "quis te mihi casus ademit?
Pyrame, responde! Tua te carissima Thisbe
nominat; exaudi uultusque attolle iacentes!"
Ad nomen Thisbes oculos a morte grauatos
Pyramus erexit uisaque recondidit illa.
     Quae postquam uestemque suam cognouit et ense
uidit ebur uacuum, "tua te manus" inquit "amorque
perdidit, infelix! Est et mihi fortis in unum
hoc manus, est et amor: dabit hic in uulnera uires.
Persequar extinctum letique miserrima dicar
causa comesque tui: quique a me morte reuelli
heu sola poteras, poteris nec morte reuelli.
Hoc tamen amborum uerbis estote rogati,
o multum miseri meus illiusque parentes,
ut, quos certus amor, quos hora nouissima iunxit,
conponi tumulo non inuideatis eodem;
at tu quae ramis arbor miserabile corpus
nunc tegis unius, mox es tectura duorum,
signa tene caedis pullosque et luctibus aptos
semper habe fetus, gemini monimenta cruoris."
Dixit et aptato pectus mucrone sub imum
incubuit ferro, quod adhuc a caede tepebat.
Vota tamen tetigere deos, tetigere parentes;
nam color in pomo est, ubi permaturuit, ater,
quodque rogis superest, una requiescit in urna.

     Píramo y Tisbe, uno el más bello de los jóvenes, la otra sobresaliente entre las muchachas que tuvo Oriente, ocuparon casas contiguas, donde se dice que Semíramis ciñó de muros de tierra cocida su elevada ciudad. La vecindad propició el conocimiento y los primeros pasos, con el tiempo creció el amor; también las antorchas se hubieran unido según derecho, pero lo impidieron sus padres: ardían ambos con sus almas cautivadas por igual, lo cual no pudieron impedir. Está ausente todo cómplice; por señas y por gestos hablan, y cuanto más se oculta, más se eleva en llamas el fuego oculto. La pared común a una y otra casa se había rajado por una tenue hendidura, que se había producido en otro tiempo, cuando se hacía. Este defecto, que no había sido notado por nadie durante largos siglos, (¿de qué no se da cuenta el amor?) vosotros, amantes, lo visteis los primeros, y lo hicisteis camino de vuestra voz, y solían pasar seguras por él en mínimo murmullo vuestras palabras lisonjeras. A menudo, cuando de un lado estaba Tisbe y del otro Píramo, y se había percibido mutuamente la respiración de sus bocas, decían: "Pared envidiosa, ¿por qué eres un obstáculo para los amantes? ¿Qué te costaría permitir que nos uniéramos con todo el cuerpo, o, si esto es demasiado, abrirte para darnos besos? Y no somos ingratos: confesamos que te debemos el hecho de que se haya dado tránsito a nuestras palabras hasta los oídos amigos." Hablando en vano tales cosas en lugares opuestos, al anochecer dijeron "adiós", y dio cada uno a su parte besos que no llegaban al otro lado. La aurora siguiente había alejado los fuegos nocturnos, y el sol había secado con sus rayos las hierbas cubiertas de escarcha: se reunieron junto al lugar acostumbrado. Entonces, quejándose antes de muchas cosas en pequeño murmullo, deciden intentar engañar a los guardias en el silencio de la noche y salir por las puertas, y, cuando hayan salido de casa, abandonar también los edificios de la ciudad, y, para que no anden errantes yendo y viniendo por el ancho campo, reunirse junto a la tumba de Nino y esconderse bajo la sombra del árbol: había allí un árbol, abundantísimo en frutos níveos, un alto moral, contiguo a una gélida fuente. Les agradan las cosas pactadas; y la luz del día, pareciéndoles que se alejaba lentamente, se precipita en las aguas y de las mismas aguas sale la noche.
     Tisbe, abierta la puerta, sale astutamente en medio de las tinieblas y engaña a los suyos y con el rostro cubierto llega a la tumba y se sienta al pie del árbol acordado. El amor la hacía audaz. He aquí que llega una leona con el hocico espumante manchado por una reciente matanza de bueyes que iba a apagar su sed en el agua de la vecina fuente; la babilonia Tisbe la vio de lejos, a los rayos de la luna, y con paso temeroso huyó a una oscura cueva, y, mientras huye, dejó un velo que cayó por su espalda. Cuando la feroz leona reprimió su sed con abundante agua, mientras vuelve al bosque, despedazó el tenue velo, encontrado por casualidad sin aquella, con su boca ensangrentada. Píramo saliendo más tarde, vio en el espeso polvo huellas ciertas de una fiera y palideció en todo sus rostro; pero cuando también encontró la prenda teñida de sangre, dijo: "Una sola noche perderá dos amantes, de los que ella fue la más digna de una vida larga; mi alma es culpable. Yo te perdí, digna de compasión, que mandé que vinieras de noche a lugares llenos de miedo y no llegué aquí el primero. Despedazad mi cuerpo y devorad de un fiero mordisco estas vísceras criminales, ¡Oh cualesquiera leones que habitáis bajo esta roca! Pero es de cobarde desear la muerte." Coge el velo de Tisbe y lo lleva consigo a la sombra del árbol pactado y, cuando dio lágrimas, dio besos a la conocida prenda, dice: "¡Recibe ahora también la bebida de mi sangre!" Y dejó caer en sus ijares el hierro con el que se había ceñido y, sin demora, lo sacó, moribundo, de la ardiente herida. y cuando estuvo tendido en el suelo boca arriba, la sangre salta a gran altura, no de otro modo que cuando en un tubo de plomo deteriorado se abre una hendidura y por el tenue orificio que silba lanza chorros de agua y rasga el aire con sus golpes. Los frutos del árbol cambian a un aspecto oscuro por la salpicadura de la matanza, y la raíz, humedecida en sangre, tiñe de color púrpura las moras que estaban colgando.



     He aquí que, no abandonado el miedo todavía, para no fallar a su amante, ella vuelve y busca al joven con los ojos y con el alma, y tiene impaciencia por contarle qué grandes peligros ha evitado; y así como reconoce el lugar y la forma en el árbol que vió, así también la hace insegura el color del fruto: se queda dudando si es éste o no. Mientras duda, ve que unos miembros temblorosos golpean el suelo ensangrentado, y anduvo hacia atrás, y teniendo el rostro más pálido que el boj se estremeció como el mar, que tiembla cuando la brisa roza su superficie. Mas después que, habiéndose detenido, reconoció a su amor, hirió con sonoros golpes sus brazos que no lo merecían y desgarrándose los cabellos y abrazando el cuerpo amado, inundó con lágrimas sus heridas y mezcló su llanto con la sangre y clavando sus besos en el rostro helado gritó: "Píramo, ¿qué desgracia te arrancó de mí? ¡Píramo, responde! ¡Tu queridísma Tisbe te llama; escucha y levanta tu rostro yacente!" Al nombre de Tisbe levantó Píramo los ojos, pesados por la muerte, y después de ver a ella, los volvió a cerrar.

     Después que reconoció estas cosas y su propia prenda y vio el marfil vacío de la espada, dijo: "¡Tu propia mano y tu amor te perdió, infeliz! Para esta única cosa no sólo tengo yo una mano fuerte sino que también tengo amor: este me dará fuerzas para las heridas. Te seguiré a ti, ya perecido, y seré considerada la más trágica causa y la compañera de tu muerte: y tú, que sólo podías, ¡ay!, ser arrancado de mí por la muerte, ni siquiera por la muerte podrás ser arrancado de mí. Una cosa, sin embargo, os rogamos con las súplicas de los dos, ¡oh desgraciadísimos padres míos y suyos!, que a quienes unió un verdadero amor, a quienes unió la ultimísima hora, no veais mal que sean puestos juntos en la misma tumba; y tú, árbol que con tus ramas cubres ahora el miserable cuerpo de uno solo, que luego cubrirás los de los dos, conserva las señales de nuestra ruina y ten siempre frutos negros y adecuados para el luto, como testimonio de la doble sangre." Dijo y, colocada la espada por debajo de su pecho, se dejó caer sobre el hierro, que aún estaba tibio de la otra sangre. Sus súplicas, sin embargo, conmovieron a los dioses, conmovieron a los padres; pues el color del fruto, cuando está muy maduro, es negro y lo que resta de sus piras descansa en una única urna.


 

NÍOBE (VI, 165 y ss.)

     Níobe es la hija de Tántalo y la esposa de Anfión, rey de Tebas. Muy orgullosa por ser la madre de siete muchachos y de siete muchachas, desprecia a Latona que no ha tenido, de su unión con Júpiter, más que dos, Apolo y Diana ...


165




170




175




180




193

195




200




218

220




225




230




235




240




245




250




255




260




265




270




275




280




285




290




295




300




305




310


     Ecce uenit comitum Niobe celeberrima turba
uestibus intexto Phrygiis spectabilis auro
et, quantum ira sinit, formosa; mouensque decoro
cum capite inmissos umerum per utrumque capillos
constitit, utque oculos circumtulit alta superbos,
'quis furor auditos' inquit 'praeponere uisis
caelestes? Aut cur colitur Latona per aras,
numen adhuc sine ture meum est? Mihi Tantalus auctor,
cui licuit soli superorum tangere mensas;
Pleiadum soror est genetrix mea; maximus Atlas
est auus, aetherium qui fert ceruicibus axem;
Iuppiter alter auus; socero quoque glorior illo.
Me gentes metuunt Phrygiae, me regia Cadmi
sub domina est, fidibusque mei commissa mariti
moenia cum populis a meque uiroque reguntur.
In quamcumque domus aduerti lumina partem,
inmensae spectantur opes; accedit eodem
digna dea facies; huc natas adice septem
et totidem iuuenes et mox generosque nurusque!
Quaerite nunc, habeat quam nostra superbia causam. [...]
Sum felix (quis enim neget hoc?) felixque manebo
(hoc quoque quis dubitet?): tutam me copia fecit.
Maior sum quam cui possit Fortuna nocere,
multaque ut eripiat, multo mihi plura relinquet.
Excessere metum mea iam bona. Fingite demi
huic aliquid populo natorum posse meorum:
non tamen ad numerum redigar spoliata duorum,
Latonae turbam; quae quantum distat ab orba?
Ite satis propere sacris laurumque capillis
ponite!' Deponunt et sacra infecta relinquunt,
quodque licet, tacito uenerantur murmure numen.[...]

     Planus erat lateque patens prope moenia campus,
adsiduis pulsatus equis, ubi turba rotarum
duraque mollierat subiectas ungula glaebas.
Pars ibi de septem genitis Amphione fortes
conscendunt in equos Tyrioque rubentia suco
terga premunt auroque graues moderantur habenas.
E quibus Ismenus, qui matri sarcina quondam
prima suae fuerat, dum certum flectit in orbem
quadripedis cursus spumantiaque ora coercet,
'ei mihi!' conclamat medioque in pectore fixa
tela gerit frenisque manu moriente remissis
in latus a dextro paulatim defluit armo.
Proximus audito sonitu per inane pharetrae
frena dabat Sipylus, ueluti cum praescius imbris
nube fugit uisa pendentiaque undique rector
carbasa deducit, ne qua leuis effluat aura:
frena tamen dantem non euitabile telum
consequitur, summaque tremens ceruice sagitta
haesit, et exstabat nudum de gutture ferrum;
ille, ut erat, pronus per crura admissa iubasque
uoluitur et calido tellurem sanguine foedat.
Phaedimus infelix et auiti nominis heres
Tantalus, ut solito finem inposuere labori,
transierant ad opus nitidae iuuenale palaestrae;
et iam contulerant arto luctantia nexu
pectora pectoribus, cum tento concita neruo,
sicut erant iuncti, traiecit utrumque sagitta.
Ingemuere simul, simul incuruata dolore
membra solo posuere, simul suprema iacentes
lumina uersarunt, animam simul exhalarunt.
Adspicit Alphenor laniataque pectora plangens
aduolat, ut gelidos conplexibus adleuet artus,
inque pio cadit officio; nam Delius illi
intima fatifero rupit praecordia ferro.
Quod simul eductum est, pars et pulmonis in hamis
eruta cumque anima cruor est effusus in auras.
At non intonsum simplex Damasicthona uulnus
adficit: ictus erat, qua crus esse incipit et qua
mollia neruosus facit internodia poples.
Dumque manu temptat trahere exitiabile telum,
altera per iugulum pennis tenus acta sagitta est.
Expulit hanc sanguis seque eiaculatus in altum
emicat et longe terebrata prosilit aura.
Vltimus Ilioneus non profectura precando
bracchia sustulerat 'di' que 'o communiter omnes,'
dixerat ignarus non omnes esse rogandos
'parcite!' Motus erat, cum iam reuocabile telum
non fuit, arcitenens; minimo tamen occidit ille
uulnere, non alte percusso corde sagitta.
     Fama mali populique dolor lacrimaeque suorum
tam subitae matrem certam fecere ruinae,
mirantem potuisse irascentemque, quod ausi
hoc essent superi, quod tantum iuris haberent;
nam pater Amphion ferro per pectus adacto
finierat moriens pariter cum luce dolorem.
Heu! Quantum haec Niobe Niobe distabat ab illa,
quae modo Latois populum submouerat aris
et mediam tulerat gressus resupina per urbem
inuidiosa suis; at nunc miseranda uel hosti!
Corporibus gelidis incumbit et ordine nullo
oscula dispensat natos suprema per omnes;
a quibus ad caelum liuentia bracchia tollens
'pascere, crudelis, nostro, Latona, dolore,
pascere' ait 'satiaque meo tua pectora luctu!
corque ferum satia!' Dixit. 'Per funera septem
efferor: exsulta uictrixque inimica triumpha!
Cur autem uictrix? Miserae mihi plura supersunt,
quam tibi felici; post tot quoque funera uinco!'
     Dixerat, et sonuit contento neruus ab arcu,
qui praeter Nioben unam conterruit omnes:
illa malo est audax. Stabant cum uestibus atris
ante toros fratrum demisso crine sorores;
e quibus una trahens haerentia uiscere tela
inposito fratri moribunda relanguit ore;
altera solari miseram conata parentem
conticuit subito duplicataque uulnere caeco est.
oraque compressit, nisi postquam spiritus ibat.
Haec frustra fugiens collabitur, illa sorori
inmoritur; latet haec, illam trepidare uideres.
Sexque datis leto diuersaque uulnera passis
ultima restabat; quam toto corpore mater,
tota ueste tegens 'unam minimamque relinque!
De multis minimam posco' clamauit 'et unam.'
Dumque rogat, pro qua rogat, occidit: orba resedit
exanimes inter natos natasque uirumque
deriguitque malis; nullos mouet aura capillos,
in uultu color est sine sanguine, lumina maestis
stant inmota genis, nihil est in imagine uiuum.
Ipsa quoque interius cum duro lingua palato
congelat, et uenae desistunt posse moueri;
nec flecti ceruix nec bracchia reddere motus
nec pes ire potest; intra quoque uiscera saxum est.
Flet tamen et ualidi circumdata turbine uenti
in patriam rapta est: ibi fixa cacumine montis
liquitur, et lacrimas etiam nunc marmora manant.

     He aquí que llega Níobe rodeada por una numerosísima multitud de acompañantes, admirable por sus vestidos frigios de oro entretejido y tan hermosa como se lo permite su ira; quedó de pie moviendo junto con su hermosa cabeza sus cabellos sueltos por uno y otro hombro, y cuando dirigió sus soberbios ojos, altiva, por todos los alrededores, dijo: "¿Qué locura es anteponer dioses oídos a los vistos? ¿Por qué Latona es venerada en los altares y todavía está mi divinidad sin incienso? Tengo a Tántalo como progenitor, único a quien se ha permitido tocar las mesas de los dioses; mi madre es hermana de las Pléyades; el gigantesco Atlas es mi abuelo, que sobre el cuello lleva el eje del mundo; Júpiter es mi otro abuelo; también me glorío de aquél como suegro. Me temen los pueblos de Frigia, el palacio real de Cadmo está conmigo bajo el mando de una señora, y las murallas unidas por la lira de mi propio marido junto con sus pueblos están gobernadas por mí y por mi esposo. A cualquier parte de mi casa que dirijo los ojos, se me presentan inmensas riquezas; a todo esto se suma mi figura digna de una diosa; ¡además añade siete hijas y otros tantos jóvenes, y pronto yernos y nueras! Preguntad ahora qué causa tiene nuestra soberbia. [...] Soy feliz (pues ¿quién negaría esto?) y voy a seguir siendo feliz (también esto ¿quién lo dudaría?): la abundancia me ha dado seguridad. Soy demasiado grande como para que Fortuna pueda hacerme daño; y aunque muchas cosas me quite, con mucho más cosas me dejará. Mis bienes ya abandonaron el miedo. Imaginad que algo pueda ser quitado a esta multitud de hijos: sin embargo, no seré reducida, despojada, al número de dos, la multitud de Latona; ¿cuánto dista esta de no tener descendencia? ¡Salid apresuradamente de los sacrificios y quitaos el laurel de los cabellos!" Se lo quitan y dejan los cultos sin terminar, y lo que está permitido, veneran la divinidad en callado murmullo. [...]
     Había un campo llano y bastante ancho cerca de las murallas, batido por asiduos caballos, donde una multitud de ruedas y duras pezuñas habían ablandado las tierras próximas. Allí una parte de los siete vástagos de Anfión montan a fuertes caballos y gravitan los lomos enrojecidos por el jugo tirio y gobiernan riendas pesadas por el oro. De entre estos Ismeno, que en otro tiempo había sido la primera carga de su madre, mientras hace girar la carrera de su cuadrúpedo en preciso círculo y le sujeta el hocico espumante, da un grito: "¡Ay de mí!" y en medio del pecho lleva clavada una flecha y soltadas las riendas de su mano moribunda, poco a poco se desliza por el costado derecho hacia el lado. Sípilo, el más cercano, escuchado el sonido del carcaj a través del espacio, soltaba las riendas, como cuando, vista la nube, huye el piloto que presiente la lluvia y suelta las velas que cuelgan por todas partes para que ninguna brisa ligera se escape: sin embargo, al que soltaba las riendas lo alcanza un dardo no evitable, y una flecha temblando quedó fija en lo más alto del cuello y el hierro desnudo sobresalía de la garganta; aquél, como estaba inclinado, cae de bruces por las veloces patas y las crines y mancha la tierra con su sangre caliente. El desdichado Fédimo y Tántalo, heredero del nombre de su abuelo, como dieron fin a su ejercicio ordinario, habían pasado al juvenil trabajo de la brillante palestra; y ya habían juntado pecho luchando contra pecho en apretado abrazo, cuando una flecha lanzada por la tensa cuerda atravesó a uno y a otro, unidos como estaban. A la vez gritaron, a la vez pusieron en el suelo sus miembros doblados por el dolor, a la vez cerraron sus ojos por última vez tendidos, a la vez exhalaron su alma. Alfénor los ve y golpeándose el pecho desgarrado vuela para levantar con sus abrazos los fríos miembros y cae en su piadoso oficio; pues el Delio le traspasó las entrañas más profundas con el mortal hierro. A la vez que fue sacado éste, parte del pulmón fue extraída en el gancho y la sangre fue arrojada al aire junto con el alma. En cambio, al intonso Damasictón no le alcanza una sola herida: había sido golpeado por donde la pierna empieza a serlo y por donde los jarretes nerviosos hacen blandos espacios entre dos articulaciones. Y mientras intenta sacar con la mano el fatal proyectil, otra flecha penetró por el cuello hasta las plumas. La sangre la expulsó y salta lanzándose a lo alto y brota lejos, taladrando el aire. Ilioneo, el último, había levantado sus brazos que nada iban a conseguir rogando: "¡Oh dioses! ¡Todos en su conjunto!", había dicho, ignorante de que no todos debían ser invocados, "¡perdonadme!" El arquero se había conmovido cuando ya no fue posible hacer volver la flecha, sin embargo, aquél murió de una herida mínima, golpeado el corazón por la flecha no profundamente.


     La fama del desastre y el dolor del pueblo y las lágrimas de los suyos hicieron segura a la madre de tan repentina catástrofe, que se admiraba de que pudiera ser y enfurecida porque los dioses se hubieran atrevido a esto, porque tuvieran tanto derecho. Pues, el padre Anfión, atravesado el pecho con el hierro, había puesto fin a su dolor muriendo a la vez que el día. ¡Ay! ¡cuánto distaba esta Níobe de aquella Níobe, que poco antes había apartado al pueblo de los altares de Latona y por medio de la ciudad había llevado sus pasos con la cabeza muy alta, odiosa/envidiada para los suyos! Pero ahora, ¡digna de misericordia incluso para un enemigo! Se inclina sobre los cuerpos helados y sin orden dispensa sus últimos besos por todos sus hijos. De estos levantando sus brazos lívidos dijo: "Aliméntate, cruel Latona, con mi dolor, aliméntate y sacia tu pecho con mi luto! ¡Y sacia tu fiero corazón!" Dijo. "Soy llevada por siete funerales: ¡goza y triunfa victoriosa enemiga! Pero ¿por qué victoriosa? Más me queda a mí desgraciada que a ti feliz; ¡también después de tantos funerales sigo venciendo yo!"
     Había dicho y sonó la cuerda de un tenso arco, que aterrorizó a todos menos a Níobe sola: ella es audaz en su desgracia. Las hermanas estaban de pie con vestidos negros, suelto el pelo, delante de los lechos de sus hermanos; una de éstas, al arrancar una flecha clavada de las vísceras, se desplomó moribunda con el rostro apoyado sobre su hermano; otra, intentando consolar a su desdichada madre, calló de repente y se dobló por una herida invisible y no cerró sus ojos a no ser después de que marchara su espíritu. Ésta que huía en vano se viene abajo, aquella cae muerta sobre su hermana; aquella queda oculta, a aquella se la veía temblar. Y entregadas seis a la muerte y habiendo sufrido diversas heridas, quedaba una última; a ésta cubriéndola la madre con todo su cuerpo, con todo su vestido, gritó: "¡Déjame a una sola, a la más pequeña. De entre tantas te pido a la más pequeña y sólo una!" Y mientras suplica, por la que suplica, muere: ya sin prole se sentó entre sus hijos, hijas y esposo exánimes, y quedó rígida por sus desgracias; la brisa no mueve sus cabellos, en su cara hay un color exsangüe; sus ojos están inmóviles en sus sombrías mejillas, nada vivo hay en aquella figura. También por dentro la misma lengua se hiela junto con el duro paladar y las venas dejan de poder moverse; ni el cuello puede doblarse ni los brazos hacer movimientos, ni el pie caminar; incluso en el interior de las vísceras hay piedra. Sin embargo, llora y, rodeada por un torbellino de poderoso viento, fue llevada a su patria: allí fijada en la cumbre de una montaña se licúa e incluso ahora los mármoles manan lágrimas.


 


DÉDALO E ÍCARO (VIII, 183 y ss.)

     Dédalo, el genial arquitecto ateniense, recibió el encargo de Minos, rey de Creta, de construir una prisión para encerrar al Minotauro, monstruo mitad hombre - mitad toro. Dédalo construyó el famoso Laberinto. Sin embargo, Minos, una vez acabada la obra, se lo agradeció encerrándolo en la magnífica construcción junto con su hijo, Ícaro. Dédalo decidió entonces escaparse ...




185




190




195




200




205




210




215




220




225




230




235

     Daedalus interea Creten longumque perosus
exilium tactusque loci natalis amore
clausus erat pelago. 'Terras licet' inquit 'et undas
obstruat: et caelum certe patet; ibimus illac:
omnia possideat, non possidet aera Minos.'
Dixit et ignotas animum dimittit in artes
naturamque nouat. Nam ponit in ordine pennas
a minima coeptas, longam breuiore sequenti,
ut cliuo creuisse putes: sic rustica quondam
fistula disparibus paulatim surgit auenis;
tum lino medias et ceris alligat imas
atque ita conpositas paruo curuamine flectit,
ut ueras imitetur aues. Puer Icarus una
stabat et, ignarus sua se tractare pericla,
ore renidenti modo, quas uaga mouerat aura,
captabat plumas, flauam modo pollice ceram
mollibat lusuque suo mirabile patris
impediebat opus. Postquam manus ultima coepto
inposita est, geminas opifex librauit in alas
ipse suum corpus motaque pependit in aura;
instruit et natum 'medio' que 'ut limite curras,
Icare,' ait 'moneo, ne, si demissior ibis,
unda grauet pennas, si celsior, ignis adurat:
inter utrumque uola. Nec te spectare Booten
aut Helicen iubeo strictumque Orionis ensem:
me duce carpe uiam!' Pariter praecepta uolandi
tradit et ignotas umeris accommodat alas.
Inter opus monitusque genae maduere seniles,
et patriae tremuere manus; dedit oscula nato
non iterum repetenda suo pennisque leuatus
ante uolat comitique timet, uelut ales, ab alto
quae teneram prolem produxit in aera nido,
hortaturque sequi damnosasque erudit artes
et mouet ipse suas et nati respicit alas.
Hos aliquis tremula dum captat harundine pisces,
aut pastor baculo stiuaue innixus arator
uidit et obstipuit, quique aethera carpere possent,
credidit esse deos. Et iam Iunonia laeua
parte Samos (fuerant Delosque Parosque relictae)
dextra Lebinthos erat fecundaque melle Calymne,
cum puer audaci coepit gaudere uolatu
deseruitque ducem caelique cupidine tractus
altius egit iter. Rapidi uicinia solis
mollit odoratas, pennarum uincula, ceras;
tabuerant cerae: nudos quatit ille lacertos,
remigioque carens non ullas percipit auras,
oraque caerulea patrium clamantia nomen
excipiuntur aqua, quae nomen traxit ab illo.
At pater infelix, nec iam pater, 'Icare,' dixit,
'Icare,' dixit 'ubi es? qua te regione requiram?'
'Icare' dicebat: pennas aspexit in undis
deuouitque suas artes corpusque sepulcro
condidit, et tellus a nomine dicta sepulti.

     Entretanto, Dédalo, odiando Creta y su largo exilio y tocado por el amor a su tierra natal, había sido encerrado en el mar. Dice: "Aunque obstruya las tierras y las aguas, sin embargo, el cielo ciertamente está abierto; iremos por allí: ¡Aunque posea todas las cosas, Minos no posee el aire!" Dijo y dirige su atención a artes desconocidas y renueva la naturaleza. Pone en orden las plumas empezando desde la más pequeña, siguiendo una más corta a una larga, de modo que pensarías que han crecido en pendiente: así en otro tiempo surge la rústica flauta con cañas de avena desiguales gradualmente; entonces ata las centrales con lino y las últimas con ceras y, así dispuestas, las dobla con una pequeña curva para imitar las verdaderas aves. El niño Ícaro estaba junto a él e, ignorante de que él estaba tratando sus propios peligros, con rostro sonriente ya cogía las plumas que había dispersado una brisa pasajera, ya ablandaba la amarilla cera con el pulgar y con su juego obstaculizaba el admirable trabajo de su padre. Después que se dio la última mano al proyecto, el propio artífice balanceó su mismo cuerpo sobre las alas y quedó colgando en la brisa que se movía; dio también instrucciones a su hijo y le dice: "Te advierto, Ícaro, que debes correr por límite central, para que el agua no haga pesadas las plumas si vas demasiado bajo, si vas demasiado alto, el fuego las haga arder: vuela entre ambos extremos. Y te mando que no mires al Boyero ni a la Hélice ni a la espada desenvainada de Orión: siendo yo el guía, ¡recorre el camino!" Al mismo tiempo le enseña las normas de volar y adapta las desconocidas alas a los hombros. Durante la operación y los consejos se humedecieron sus mejillas seniles y temblaron sus manos paternas; dio a su hijo besos que no podría repetir otra vez y levantándose con sus alas vuela delante y teme por su acompañante, como un ave que desde el alto nido impulsó al aire a su tierna prole, y le alienta a seguirle y le enseña las perniciosas artes, y mueve él mismo sus alas y se vuelve a mirar las de su hijo. A estos alguien mientras trata de coger peces con una temblorosa caña o un pastor apoyado en su báculo o un labrador en una esteva los vio y quedó estupefacto y creyó que eran dioses quienes así podían surcar el éter. Y ya tenían a su izquierda Samos, la isla de Juno (Delos y Paros habían quedado atrás) y a Lebinto que está a la derecha y a Calimna, rica en miel, cuando el muchacho empezó a gozar con su audaz vuelo y abandonó a su guía y arrastrado por el deseo de surcar el cielo llevó un camino más alto. La proximidad del ardiente sol ablanda las aromáticas ceras, sujección de las plumas. La cera se había derretido: aquél agita sus brazos desnudos y, desprovisto de remos, no percibe aire ninguno y la boca, que gritaba el nombre de su padre, es recibida por el agua azulada, que de aquél tomó el nombre. Por su parte, el desdichado padre, que ya no lo era, dijo: "Ícaro, Ícaro, ¿Dónde estás? ¿En qué lugar te buscaré? ¡Ícaro!" decía: vio las plumas en las aguas y maldijo sus propias artes y depositó el cuerpo en un sepulcro y esa tierra fue llamada con el nombre del sepultado.

 

ORFEO Y EURÍDICE (X, 11 y ss.)

     Orfeo era un poeta de Tracia cuya lira estaba dotada de un poder mágico: amansaba a las fieras y encantaba a los objetos inanimados. Después de perder a su bienquerida Eurídice, muerta por una picadura de serpiente, va a buscarla a los Infiernos...






15




20




25




30




35




40




45




50




55




60





65




70




75

     Quam satis ad superas postquam Rhodopeius auras
defleuit uates, ne non temptaret et umbras,
ad Styga Taenaria est ausus descendere porta
perque leues populos simulacraque functa sepulcro
Persephonen adiit inamoenaque regna tenentem
umbrarum dominum pulsisque ad carmina neruis
sic ait: 'o positi sub terra numina mundi,
in quem reccidimus, quicquid mortale creamur,
si licet et falsi positis ambagibus oris
uera loqui sinitis, non huc, ut opaca uiderem
Tartara, descendi, nec uti uillosa colubris
terna Medusaei uincirem guttura monstri:
causa uiae est coniunx, in quam calcata uenenum
uipera diffudit crescentesque abstulit annos.
Posse pati uolui nec me temptasse negabo:
uicit Amor. Supera deus hic bene notus in ora est;
an sit et hic, dubito: sed et hic tamen auguror esse,
famaque si ueteris non est mentita rapinae,
uos quoque iunxit Amor. Per ego haec loca plena timoris,
per Chaos hoc ingens uastique silentia regni,
Eurydices, oro, properata retexite fata.
Omnia debemur uobis, paulumque morati
serius aut citius sedem properamus ad unam.
Tendimus huc omnes, haec est domus ultima, uosque
humani generis longissima regna tenetis.
Haec quoque, cum iustos matura peregerit annos,
iuris erit uestri: pro munere poscimus usum;
quodsi fata negant ueniam pro coniuge, certum est
nolle redire mihi: leto gaudete duorum.'
     Talia dicentem neruosque ad uerba mouentem
exsangues flebant animae; nec Tantalus undam
captauit refugam, stupuitque Ixionis orbis,
nec carpsere iecur uolucres, urnisque uacarunt
Belides, inque tuo sedisti, Sisyphe, saxo.
Tunc primum lacrimis uictarum carmine fama est
Eumenidum maduisse genas, nec regia coniunx
sustinet oranti nec, qui regit ima, negare,
Eurydicenque uocant: umbras erat illa recentes
inter et incessit passu de uulnere tardo.
Hanc simul et legem Rhodopeius accipit heros,
ne flectat retro sua lumina, donec Auernas
exierit ualles; aut inrita dona futura.
Carpitur adcliuis per muta silentia trames,
arduus, obscurus, caligine densus opaca,
nec procul afuerunt telluris margine summae:
hic, ne deficeret, metuens auidusque uidendi
flexit amans oculos, et protinus illa relapsa est,
bracchiaque intendens prendique et prendere certans
nil nisi cedentes infelix arripit auras.
Iamque iterum moriens non est de coniuge quicquam
questa suo (quid enim nisi se quereretur amatam?)
supremumque 'uale,' quod iam uix auribus ille
acciperet, dixit reuolutaque rursus eodem est.

     Non aliter stupuit gemina nece coniugis Orpheus,
quam tria qui timidus, medio portante catenas,
colla canis uidit, quem non pauor ante reliquit,
quam natura prior saxo per corpus oborto,
quique in se crimen traxit uoluitque uideri
Olenos esse nocens, tuque, o confisa figurae,
infelix Lethaea, tuae, iunctissima quondam
pectora, nunc lapides, quos umida sustinet Ide.
Orantem frustraque iterum transire uolentem
portitor arcuerat: septem tamen ille diebus
squalidus in ripa Cereris sine munere sedit;
cura dolorque animi lacrimaeque alimenta fuere.
Esse deos Erebi crudeles questus, in altam
se recipit Rhodopen pulsumque aquilonibus Haemum.

     Después que el poeta rodopeo la lloró bastante en los aires de este mundo, para tantear también las sombras, se atrevió a descender a la Estige por la puerta del Ténaro y a través de pueblos ligeros y espectros que gozan de sepultura, se presentó ante Perséfone y el señor que tiene los espantosos reinos de las sombras y, pulsadas las cuerdas para el canto, así dijo: "¡Oh divinidades del mundo situado bajo tierra, al que caemos, cuantos somos engendrados mortales!, si es lícito, y permitís decir cosas verdaderas, omitidos los rodeos de una boca falsa, no descendí aquí para ver el oscuro Tártaro, ni para encadenar las tres gargantas erizadas de culebras del monstruo Meduseo: el motivo de mi viaje es mi esposa, a la que una víbora, al ser pisada, introdujo su veneno y le arrebató sus años crecientes. Quise poder soportarlo y no negaré que lo intenté: venció Amor. Este dios es bien conocido en la orilla superior; y dudo si aquí lo es: pero, sin embargo, sospecho que aquí también lo es, y si la fama del antiguo rapto no mintió, también a vosotros os unió Amor. Por estos lugares llenos de temor, por este ingente Caos y los silencios del vasto reino, yo os lo pido, destejed el prematuro destino de Eurídice. Todas las cosas os somos debidos y quedándonos un poco, más lenta o más rápidamente, marchamos a un único sitio. Aquí nos encaminamos todos, esta es la última morada, y vosotros tenéis los más dilatados reinos del género humano. También esta será de vuestra propiedad, cuando, madura, haya cumplido los años justos: os pedimos su uso como un obsequio. Pero si los Hados niegan el permiso en favor de mi esposa, tengo decidido que no quiero volver: gozad con la muerte de los dos."
     Al que decía tales cosas y movía las cuerdas junto a las palabras lloraban las almas sin sangre, y Tántalo no trató de alcanzar el agua que se le escapaba y quedó paralizada la rueda de Ixión, y las aves no arrancaron el hígado y las Bélides no se dedicaron a sus urnas y tú, Sísifo, te sentaste en tu roca. Entonces, por primera vez, se cuenta que las mejillas de las Euménides vencidas por el canto se emapaparon de lágrimas, y ni la esposa real ni quien gobierna los abismos se atreven a decir que no al que ruega y llaman a Eurídice: aquella estaba entre las sombras recientes y avanzó con paso lento a causa de la herida. El héroe rodopeo recibió a esta al mismo tiempo que la condición de no volver atrás sus ojos hasta que hubiera salido de los valles del Averno; o los dones futuros serían vanos. Se recorre un camino inclinado a través de mudos silencios, escarpado, obscuro, denso por la negra tiniebla, y no estuvieron lejos de la orilla de la tierra más elevada: éste, para que no desfalleciera, temiendo y deseoso de verla, volvió, amante, sus ojos, e, inmediatamente, ella cayó hacia atrás y extendiendo las brazos y esforzándose por ser abrazada y abrazar nada agarra la infeliz a no ser las brisas que se retiran. Y muriendo ya por segunda vez, no se quejó de nada acerca de su propio esposo (pues ¿de qué podría quejarse sino de que ella había sido amada?) y dijo un último "adiós", que ya apenas aquel pudo percibir en sus oídos y de nuevo volvió volando allí.
     Con la doble muerte de su esposa, Orfeo quedó aturdido no de otra manera como el que, asustado, vio los tres cuellos del perro, llevando el del medio cadenas, al cual no lo abandonó el pavor antes que su anterior naturaleza, surgida piedra por todo su cuerpo, y como Olenos, que arrastró para sí el crimen y quiso parecer que era culpable, y tú, oh infeliz Letea, confiada en tu belleza, corazones unidísimos en otro tiempo, ahora piedras, que conserva el húmedo Ida. El barquero había rechazado al que pedía y quería en vano volver a pasar por segunda vez: sin embargo, aquél, sucio, estuvo sentado durante siete días en la orilla sin el regalo de Ceres; la preocupación y el dolor del alma y las lágrimas fueron sus alimentos. Quejándose de que los dioses del Érebo eran crueles se retiró al alto Ródope y al Hemo golpeado por los Aquilones.