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Del latín a
las lenguas romances
La zona occidental del
imperio fue romanizado
con distinta intensidad: la intensidad fue máxima en la regiones
centrales (Italia, Galia e Hispania), y menor en la periferia
(Germania, Britania y norte de África). En estas la
fragmentación del imperio provocó la desaparición rápida del
Latín sin dejar lenguas derivadas (aunque el legado cultural,
político y lingüístico no desapareció totalmente), mientras que
en aquellas se mantuvo el latín culto como
lengua universal y el
latín vulgar
originó por la diversidad de su evolución desde la temprana Edad
Media las llamadas "lenguas románicas"
o romances (gallego-portugués, castellano, catalán, provenzal,
francés, italiano, sardo, romanche y rumano), todas ellas forman
una "familia lingüística" que conserva una gran semejanza
léxica, morfológica y sintáctica con la lengua latina de la que
procede; a esta zona profundamente romanizada es a la que se le
denomina como "Romania" y coincide con una amplia zona de la
actual Europa (desde los ríos Rin y Danubio hasta Portugal).
El
concepto de Europa o "Unión Europea"
como comunidad de naciones se sustenta en el común legado romano y
la común tradición histórica de occidente.
La lengua inglesa no es una
lengua románica, pero una gran parte de su léxico (65%) es de
origen latino.
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