“Eso que propones

es una quimera

Una quimera, de la que se deriva el adjetivo quimérico, es todo aquello que se propone a la imaginación como posible y verdadero a pesar de no serlo, según el Diccionario de la Real Academia. Quimerear es, figuradamente, perseguir quimeras o provocar pendencias.

Emprender una empresa quimérica es algo considerado vano y poco rea­lista, una creación mental quijotes­ca o un sueño de la razón goyesco. También, familiarmente, tener una qui­mera es la aprensión infundada de algún mal. Una quimera es, por fin, un pez de cabeza y ojos grandes y larguísima y fi­na cola. Bestia fabulosa, Quimera (la cabra) es hija de Equidna (la mujer ví­bora) y de Tifón (el monstruo que vo­mita llamas), y tiene, en la mitología grecolatina, cuerpo de cabra, cola de dragón y cabeza de león, por la que lanzaba fuego como su padre, además de devorar a hombres y anima­les con sus fauces. Según Hesíodo, es tricéfala y lo que tiene de león, cabra y dragón son sendas cabezas.

Hermana de los canes Cerbero y Or­to, de la Hidra de Lerna, la Esfinge y el León de Nemea, forma con ellos y con sus padres una temible familia de mons­truos que protagoniza algunas aventu­ras mitológicas y encarna el mal que los héroes han de combatir en múltiples y peligrosas aventuras.

Vivía en Licia (Asia Menor) y murió a manos de Belerofonte, montado sobre el caballo alado Pegaso, por encargo del rey de Licia, lobates. El héroe se lanzó en picado, a lomos de Pegaso, sobre la Quimera y le clavó en la garganta su lan­za, provista de una punta de plomo. Esta, al fundirse en la boca del monstruo al calor del fuego que emitía, se desli­zó por todo el interior de su gargan­ta y le causó una muerte tan ho­rrorosa como la que ella daba a sus víctimas.

Píndaro narra poéticamente el lance: Belerofonte, tras poner a Pe­gaso las bridas de oro que le regaló Atenea, lo montó y, revestido de bron­ce, «desde el helado regazo del éter, acometió... y dio muerte... a la Quime­ra de ígneo aliento». Y el propio Pínda­ro anima, al estilo de la tragedia grie­ga, a perseguir quimeras, pues, «el poder de los dioses permite fá­cilmente superar asuntos que sobrepasan toda esperanza y cuanto podría jurarse». Según Robert Graves, en Licia había un monte Quimera o 'montaña de la cabra', volcán en actividad que explicaría el aliento abrasador del 'quimérico' monstruo. •

Pedro Monedero Ilustración: Sean Mackaoui

Lecturas recomendadas:

La Ufada, de Hornero; La Teogonia, de Hesiodo; Biblioteca Mitológica, de Apolodoro; Epinicios (Olímpica XIII), de Píndaro; Los mitos griegos, de Robert Graves.