
Ver gráficos de apoyo: MORFOLOGÍA DEL ADJETIVO
Los adjetivos son palabras de inventario abierto que aparecen junto al núcleo el sintagma nominal. Desde un punto de vista funcionalista, no podemos ofrecer una definición unívoca válida para los dos tipos de adjetivos: calificativos y determinativos. Los calificativos pueden constituirse en núcleos de sintagmas adjetivos (SAdj), admiten cualquier posición respecto del núcleo del sintagma nominal al que acompañan y pueden coordinarse con otro adyacente. Los determinativos, también llamados pronombres adjetivos, se caracterizan por exigir estar antepuestos y nunca pospuestos a los calificativos cuando aparecen juntos (*El Nuevo este Instituto también tiene goteras).
Dentro del sintagma nominal, los adjetivos calificativos son núcleos de sintagmas adjetivos (SAdj). Fuera de él, aisladamente, pueden cumplir por sí solos la función de atributos (Atr) de un núcleo verbal atributivo o semiatributivo y la de complementos predicativos (CPred) dependientes de un núcleo verbal predicativo.
Los adjetivos determinativos únicamente pueden desempeñar la función de determinantes (Det).
En el adjetivo se combina un lexema con tres morfemas: género, número y grado. Las diferencias de género y número son análogas a las de los sustantivos: inquieto, inquieta, inquietos, inquietas.
Alarcos, sin embargo, observa que no coincide su valor referencial con los morfemas del sustantivo. En el sustantivo el género y el número modifican la referencia: perro designa un animal macho; perra, uno hembra; perros y perras, un determinado conjunto de esos animales. En cambio, con el adjetivo, el género y el número no modifican la referencia real: inquieto designa la misma cualidad que inquieta. Las variaciones de género y número que se observan en el adjetivo son simples repercusiones de los morfemas que afectan al sustantivo con el que se pone en relación, por un fenómeno que recibe el nombre de concordancia: el perro inquieto, la perra inquieta, las perras inquietas. Así pues, los morfemas del adjetivo no añaden información al sintagma y son meros índices funcionales de la relación entre el sustantivo y el adjetivo.
Muchos adjetivos distinguen la variación de género con la oposición /–o/, /–a/ en su significante: bueno/buena, amarillo/amarilla, duro/dura. Otros no poseen característica propia en el masculino y sólo se distingue el femenino: francés/francesa, registrador/registradora, ladrón/ladrona, creador/creadora, grandote/grandota, feote/feota. Y otros carecen de esta variación genérica: verde, cortés, celta, vinícola, azul, cruel, feliz, atroz, fácil, virgen.
La formación del plural en el adjetivo coincide con la del sustantivo: blanco / blancos, blanca / blancas, holgazán / holgazanes. Es raro que el adjetivo sea indiferente al número: el triángulo isósceles / los triángulos isósceles. Esto es algo más frecuente en español coloquial: viejales, rubiales, frescales, vivales, que no varían de número y que suelen usarse como sustantivos.
El morfema de grado es característico –aunque no exclusivo– de esta categoría de palabras y marca otra diferencia entre los adjetivos calificativos y los pronombres adjetivos. Sólo los primeros, tanto en la función de adyacente como en la de atributo, pueden incrementarse con elementos cuantitativos que producen gradación: mujer delgada, más delgada, menos delgada, tan delgada, muy delgada, casi delgada, algo delgada, poco delgada, etc.
El sistema de gradación del español, aunque de origen latino, es fundamentalmente analítico, es decir, se compone mediante palabras añadidas al adjetivo; no obstante quedan algunos restos de comparativos y superlativos sintéticos latinos. Unos son relativamente frecuentes en español coloquial: mejor, peor, mayor, menor, máximo, mínimo, último; otros se usan casi exclusivamente en registros cultos y, con frecuencia pierden su sentido primitivo convirtiéndose en meros adjetivos intensivos: inferior, superior, anterior, posterior, íntimo, ínfimo, supremo, postremo, óptimo, pésimo, sumo.
Como se sabe, el sistema gradual está compuesto por comparativos de superioridad, igualdad e inferioridad, y superlativos absolutos y relativos.
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* Comparativos |
de superioridad: | Nuria es más guapa que Yolanda. |
| de igualdad: | Nuria es tan guapa como Yolanda. | |
| de inferioridad: | Nuria es menos guapa que Yolanda. | |
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* Superlativos |
absolutos: | Nuria es muy guapa / guapísima. |
| relativos: | Nuria es la más guapa |
Para el superlativo absoluto o elativo se puede utilizar un sistema analítico, con el cuantificador muy o el sintético, con los sufijos ísimo y érrimo, de carácter más culto, especialmente el segundo: velocísimo, crudelísimo, amicísimo y amiguísimo, nobilísimo, ardentísimo, corrientísimo, certísimo, fortísimo, buenísimo y bonísimo, celebérrimo, misérrimo, integérrimo, paupérrimo, etc.
Varios adjetivos adoptan un significante reducido mediante la supresión de /–o/ del masculino cuando se anteponen a un sustantivo, si bien se mantienen intactos en los demás casos: buen día / día bueno, mal momento / momento malo, tercer curso / curso tercero. Ocurre un fenómeno anómalo sólo explicable históricamente con san / santo: San Pablo / Santo Domingo / santo varón. La reducción del adjetivo grande sólo se produce si el adjetivo no va precedido de cuantificador o se combina con otro adjetivo: la más grande ocasión, grande y glorioso suceso.
Los dos casos de metábasis que se pueden dar en el adjetivo son la sustantivación y, con menor frecuencia, la adverbialización.
El adjetivo puede funcionar en el enunciado como lo hace el sustantivo; entonces adquiere la posibilidad de combinarse con el tercer morfema del sustantivo: el artículo.
Un tipo especial de sustantivación se produce cuando el sustantivo se elude por ser consabida de los interlocutores; su función pasa a desempeñarla entonces el adjetivo precedido del artículo pertinente. En una conversación en la que, por ejemplo, se hable de camisas, puede aparecer este tipo de sustantivación: Dame las limpias. Otros ejemplos de este tipo de sustantivación son: De esos trajes prefiero el negro. Esa actitud me parece la mejor.
Otras veces, la sustantivación existe sin necesidad de que el contexto o la situación sugieran un sustantivo elidido: el móvil, el portátil, los accesorios, la locomotora, la lavadora, son plenamente sustantivos, aunque originalmente eran adjetivos (el teléfono móvil, el ordenador portátil, la máquina locomotora, etc.).
Cuando el adjetivo se sustantiva con el artículo, puede adoptar una tercera variación genérica, la del neutro; el artículo es el que confiere al adjetivo sustantivado esa triple variación: el nuevo / la nueva / lo nuevo, el verde / la verde / lo verde. El neutro no participa de las distinciones de género ni de número: Lo nuevo es esa noticia.Lo nuevo son esos artículos.
Para que se produzca la adverbialización del adjetivo basta con la eliminación de sus posibilidades de variación morfemática: Los de segundo trabajan duro para los exámenes.
El adjetivo adyacente de un sintagma nominal puede anteponerse o posponerse al núcleo del sintagma. Su valor semántico cambia según su posición: muchos gramáticos consideran en general que el adjetivo antepuesto es de significado explicativo mientras que el pospuesto señala una especificación que restringe la referencia propia del sustantivo. Compárese, por ejemplo, la blanca nieve con la pared blanca. El antepuesto, por su importancia estilística, atrae la atención del hablante y del oyente, con lo que es más subjetivo y afectivo; en él se intensifica el matiz cualitativo del sintagma nominal. Cuando va pospuesto, la frase adquiere un carácter más descriptivo y objetivo; antepuesto, por su valoración cualitativa, será idóneo para formar proposiciones exclamativas e interrogativas.
Alarcos opina, sin embargo, que el valor de la anteposición y la posposición del adjetivo depende de la intención del hablante más que de criterios objetivos.
En algunos casos, el uso ha fijado ciertas combinaciones de adjetivo y sustantivo que funcionan casi como sustantivos compuestos: fuego fatuo, ideas fijas, alta mar, libre albedrío, sentido común, largo plazo, etc., que no admiten la inversión de sus componentes sin modificar su sentido. Otras veces predomina uno de los órdenes: buena suerte, rara vez, alta frecuencia, onda larga. Alguno sólo aparece en anteposición: la mera intención.
Resultan curiosos estos ejemplos:
triste funcionario / funcionario triste
mujer pobre / pobre mujer
simple tutor / tutor simple
alto ejecutivo / ejecutivo alto
ciertas propuestas / propuestas ciertas