"La lluvia

dorada"

Esta lluvia, una fantasía sexual escatológica, se inspira en una de las aventuras extramatrimoniales de Zeus, experto en transformarse para conseguir seducir a diosas y mortales a espaldas de su mujer.

Acrisio, rey de Argos, era padre de Dánae y un oráculo le auguró que moriría a manos del hijo que na­ciera de su hija. Para eludir tan trágico si­no, Acrisio encerró a Dánae en una torre de bronce. Pero Zeus, que la deseaba, consiguió poseerla mediante un truco: se metamorfoseó en fina «lluvia de oro y, deslizándose hasta el seno de Dá­nae a través del techo, se unió a ella», según cuenta Apolodoro. Dánae que­dó así encinta del que luego sería uno de los grandes héroes de la mitología griega: Perseo, el que petrificaba a sus enemigos mostrándoles la cabeza de la monstruosa gorgona Medusa.

El involuntario abuelo, temeroso del vaticinio agorero, metió a su hija y a su nieto en un arca que arrojó al mar y acabó derivando, con los dos sanos y salvos, hasta la isla de Sérifos. Tras mu­chos avalares, la profecía se cumplió años después, cuando Perseo mató ac­cidentalmente a su abuelo Acrisio: du­rante una competición, el primero lanzó un disco que el soplo huracanado del destino desvió hacia la sien del anciano. Robert Graves relaciona el mito griego de Dánae, Perseo y el arca con el egipcio de Isis, Osiris, Set y el niño Horus; y, en cuanto a la lluvia dorada, la interpreta como el casamiento ritual del Sol con la Luna o, más que como una forma de coprofagia, como una inocente alegoría bucólica: el agua era oro para los pas­tores griegos y Dánae era la Tierra fe­cundada por un chubasco de Zeus. Una expresión española compara la pureza y limpieza esmeradas con los llamados «chorros del oro».

El mito de la lluvia dorada tendría gran aceptación en la literatura y el arte. Tras Hesíodo, su primer cronista, los grandes trágicos griegos, así como Píndaro, Terencio, Ovidio y Horacio lo plas­maron en sus obras. San Agustín lo cri­ticó, como muestra de las aberraciones en que incurrían los dioses paganos. Tintoreto, Tiziano, Van Dick, Rem-brandt y otros reproducirían plásti­camente la escena de Dánae reci­biendo la lluvia de oro de Zeus. •

Pedro Monedero Ilustración: Sean Mackaoui

 

Lecturas recomendadas:

Biblioteca mitológica, de Apolodoro; El Eunuco, de Terencio; Odas, de Horacio; Los mitos griegos, de Robert Graves; Las confesiones, de San Agustín.