FÁBULA, SÁTIRA Y EPIGRAMA

 

FÁBULA

1.- Introducción:

La fábula, relato en el que intervienen animales que reproducen defectos y comportamientos de los hombres y que concluye con una moraleja, había tenido una cierta utilización dentro de otros géneros desde Ennio, pero no surge en la literatura latina como un género independiente con sus características propias hasta el siglo I d. de C., por obra de Fedro.
El origen de la fábula, como el de la mayor parte de los géneros literarios, se remonta a Grecia, donde había surgido como una manifestación popular en oposición a la poesía solemne. La épica era un tipo de poesía que respondía a la concepción de la vida de los nobles y aristócratas, mientras que la fábula se situaba en el otro extremo, y representaba la vida mediocre y común del pueblo humilde. Los griegos, que gustaban de atribuir un inventor concreto a cada género, atribuyen el origen de la fábula a Esopo, esclavo frigio que vivió hacia la mitad del siglo VI a. de C. y cuya vida nos ha llegado llena de datos legendarios.
Lo cierto es que las fábulas o apólogos, como se denominaban entre los griegos, debieron circular por su propia naturaleza popular fácilmente de un pueblo a otro y podían tener un origen muy diverso; probablemente se transmitían de forma oral: mercaderes, cómicos y, muy especialmente, esclavos fueron vehículos de transmisión de las mismas.
Dos características acompañan el desarrollo de la fábula tanto en Grecia como en Roma : ese carácter popular, de poesía menor que ya hemos comentado y un fuerte matiz reivindicativo. Las fábulas eran la critica satírica del pueblo, de los esclavos, de los pobres contra los privilegiados.

2.- Fedro.-
Este espíritu de reivindicación popular se encuentra claramente expresado en los cinco libros de fábulas que con el nombre de Fabulae Aesopiae publicó Fedro, el creador de la fábula latina como género literario. Nació en Macedonia hacia el año 15 a. de C. y vino a Roma como esclavo de Augusto que posteriormente le concedió la libertad. Parece que el hecho de que tanto Esopo, creador mítico del género, como Fedro, su continuador en Roma, fueran de origen servil justificaría el tono de crítica social a que antes nos hemos referido.
Las noticias que tenemos de Fedro proceden en su totalidad de los epílogos y prólogos de sus obras. Parece que comenzó a publicar sus fábulas en el reinado de Tiberio y continuó en los de Caligula, Claudio y, probablemente, en el de Nerón. En el prólogo del libro III hace mención de las persecuciones que debió soportar a causa de las ideas difundidas en sus libros por parte de Sejano, el todopoderoso prefecto de Tiberio. Como fecha aproximada de su muerte se da el año 50 d. de C.
Publicó con el titulo de Fabulae Aesopiae un centenar de fábulas repartidas en cinco libros, a las que se deben añadir unas treinta más recopiladas en el Renacimiento por el humanista Nicolás Perotto y que, por ese motivo, se conocen con el nombre de Appendix Perottina. Están escritas en senarios yámbicos, verso propio de la comedia y del mimo y de gran raigambre popular. En un principio, las fábulas tienen siempre un mismo esquema: un relato de animales y una moraleja que puede preceder o seguir a aquel; ahora bien, más adelante comienza a utilizar otros procedimientos, introduciendo fábulas de otro tipo: relatos con personajes humanos, anécdotas, episodios históricos, etc. En la forma aparentemente pueril de la fábula Pedro incluía una intención satírica que lo relaciona tanto con Horacio y Lucilio como con Persio y Juvenal.
Fedro escribe con un estilo sencillo y natural, especialmente cuando no moraliza. En los prólogos de su obra se muestra particularmente orgulloso de su "brevitas dicendi" (concisión), el rasgo más distintivo y característico de su estilo.
Llama la atención el hecho de que ninguno de sus contemporáneos haga mención de él; parece como si la literatura oficial de su época y de la inmediatamente posterior lo olvidara a propósito. La primera referencia a su persona la encontramos en Marcial. Quintiliano no lo nombra cuando teoriza sobre las características del género fabulístico y, lo que es más grave, Séneca en su Consolatio ad Polybium, escrita en el41 cuando Fedro debía haber publicado ya la mayor parte de su obra, afirma que la fábula era un género todavía no intentado en Roma. Probablemente el público al que Fedro dirigió sus fábulas y el tono de crítica de las mismas lo alejó de la literatura oficial de la época.
Después de Fedro no tenemos noticias de que se cultive el género fabulístico hasta que en el siglo IV un autor llamado Aviano compusiera cuarenta y dos fábulas en dísticos elegíacos. Se conoce otra colección de fábulas de finales de la antigüedad latina titulada Rómulo o Fábulas de Rómulo. Ambas obras están en la base de numerosas colecciones de fábulas en la Edad Media.
 

SÁTIRA

1.- Características del género

El término "satura" designa un género literario que, si bien recibe influencias del drama griego y de las diatribas de los filósofos cínicos, se desarrolla por primera vez en Roma como tal género con características bien definidas; por este motivo Quintiliano se jactaba de que "la sátira al menos es un logro totalmente romano".
El origen del término "satura" es oscuro: ya en la Antigüedad se proponían diversos orígenes para el mismo, sin que existan razones de peso para proponer unos por encima de los otros. La historia del desarrollo de la sátira como género literario es larga, pudiéndose rastrear hasta cuatro tipos de composiciones de carácter satírico. En primer lugar el historiador tito Livio, al hablar de los comienzos del teatro en Roma, nos informa de una "satura dramática" en las que se mezclaban cantos, música y mimo. Las informaciones sobre este tipo de representaciones son prácticamente nulas y, desde luego, no parece que hayan ejercido ninguna influencia en el desarrollo de la sátira como género independiente.
Un segundo grupo de escritos satíricos lo forman composiciones de carácter burlesco y moralizador, pero en las que no se incluían, al parecer, ni invectivas ni ataques personales. Algunas obras del polifacético poeta Ennio (239-169 a. C.) fueron de este tipo. Publicó al menos cuatro libros (algunos autores hablan de seis), de poemas cuyas característica fundamental era la mezcla de elementos diversos tanto desde el punto de vista de la forma como del contenido: no sólo estaban escritas en diversos metros, incluyendo fragmentos en prosa, sino que su contenido oscilaba entre la fábula, el episodio autobiográfico y algunos poemas típicamente satíricos con críticas de costumbres de su época.
El tercer tipo de sátira es precisamente el que define el género: composiciones sobre diversos temas pero en las que se incluye una crítica mordaz desde un punto de vista muy personal de personas concretas y de la sociedad en general. Lucilio es el creador del género; Horacio, Persio y Juvenal son sus máximos representantes.
Por último desde época muy temprana se desarrollaron composiciones satíricas que seguían el modelo de Menipo y que por ese motivo se titularon sátiras menipeas. Eran composiciones en las que se repartían desigualmente prosa y verso con una intencionalidad más didáctica que crítica. Varrón fue el primero en escribir este tipo de composiciones .La Apocolocyntosis de Séneca y el Satiricón de Petronio también se incluyen en este apartado.

2.- LUCILIO: el creador del género

Horacio fue el primero en otorgar a Lucilio de Suessa Aurunca el privilegio de ser el creador de la sátira como género literario autónomo. No existe ninguna "vita" que nos aporte datos fidedignos sobre su vida, aunque, al ser la sátira un género muy personal, podemos obtener alguna información de los fragmentos que nos han llegado de sus Saturae. Sabemos que nació en Suessa Aurunca, localidad de la Campania, hacia el 180 a. de C. y que estuvo muy vinculado con el círculo de los Escipiones, sirviendo en la caballería en Hispania a las órdenes de Escipión. De familia acaudalada, escribió en provecho y en defensa del grupo de aristócratas reunidos en torno a los Escipiones y que propugnaban reformas moderadas en el terreno social y político. Murió a edad avanzada en Nápoles entre el 102 y el 101 a. C.
Comenzó a escribir en su madurez, al regreso de la campaña de Hispania. Escribió 30 libros de los que sólo nos han llegado 1.375 versos. En los primeros libros utilizó una gran variedad de metros pero posteriormente utilizó solamente el hexámetro, que desde entonces es propio de la poesía satírica. Mantuvo sin embargo siempre una gran variedad temática: ataques contra personajes corruptos y contra los vicios imperantes en la sociedad de su tiempo, testimonios autobiográficos, críticas literarias y filosóficas, etc. Lo más característico de Lucilio es que, por encima de la diversidad temática se impone siempre la crítica y los ataques mordaces, de carácter personal, lo que confiere a la "satura" esa nota distintiva que ha llegado hasta nuestros días.
Lucilio escribe en el lenguaje normal de la calle (sermo cotidianus), alejándose de la selección de vocablos típicas del lenguaje poético y marcando de esta forma diferencias con la poesía épica. Los términos groseros e incluso obscenos son propios del género y Lucilio los utiliza con normalidad. Pero su estilo es poco cuidado y Horacio le criticaba su abandono a la inspiración fácil y su falta de autocrítica que le llevaban a expresar sus ideas de forma tosca y con descuido; de cualquier forma, sus defectos literarios no fueron un obstáculo para que, trazando un cuadro vivo y crítico de la sociedad de su tiempo, estableciera de forma clara los rasgos fundamentales de un género típicamente romano.

3.- HORACIO: Sermones y Epistulae

Si Lucilio es considerado como el fundador del género satírico, a Horacio, su continuador como él mismo se proclama, le cabe el mérito de haberlo llevado a la perfección formal.
Las diferencias entre Lucilio y Horacio son notables tanto en los aspectos de contenido como en los formales. Las sátiras de Horacio carecen de la fuerza y de la dureza crítica de Lucilio; las circunstancias políticas de la época de Horacio no permitían, a pesar de que el poeta pertenecía al círculo de amigos de Augusto, llevar la crítica y los ataques personales a los extremos a que se habían llevado en los primeros siglos de la República. Por este motivo no encontramos en Horacio referencias críticas sino a personas difícilmente identificables. El poeta dedica pues sus esfuerzos a perfeccionar los aspectos formales del género, única cosa que encuentra criticable en su antecesor. Se incluye así en esa tendencia propia de la poesía de la época de Augusto que, aún reconociéndose heredera de los poetas arcaicos, retoman sus metros y temas para darles su definitiva forma clásica. Con Horacio la poesía satírica en hexámetros alcanzó un alto nivel de refinamiento artístico que se aleja de la rudeza de Lucilio.
En realidad Horacio no tituló ninguna de sus obras Saturae, pero la tradición manuscrita nos ha transmitido como obras satíricas del poeta dos libros con el titulo de Sermones y otros dos bajo el epígrafe de Epistulae, ambos en hexámetros, como es ya propio de la sátira desde Lucilio.
La vida de Horacio ocupa toda la segunda mitad del siglo I a. de C. (65-8) y su obra satírica ocupa el comienzo y el final de su labor poética, debiendo situarse entre ambas su producción lírica. Este hecho explica que podamos dividir la obra satírica de Horacio en dos grupos con características propias: por un lado estarán las composiciones escritas entre el año 45 y el 30 y por otro las producidas entre el 23 y el 13 a.C.
En el primer grupo tenemos que situar los Sermones, escritos en el período anterior al gobierno de Augusto y en los que se percibe una mayor dureza en el tono de lo que será habitual en las obras posteriores. En el libro primero Horacio realiza una crítica moral y literaria y en alguna de ellas introduce elementos autobiográficos; los temas son variados: la alabanza del justo medio (est modus in rebus), la crítica de la rigidez y la intransigencia de los estoicos hecha desde una perspectiva epicúrea y, junto a estos temas filosóficos, otros como relatos de viajes (recogiendo una tema ya tratado por Lucilio). En el libro segundo el poeta escoge la forma de discusión libre (diatriba) entre interlocutores anónimos que habían popularizado algunos filósofos griegos, en especial los cínicos; la sátira se transforma así en una "charla" (sermo) animada que permite tratar con distintos puntos de vista diversos temas: fábulas, confidencias, teoría literaria, reflexiones personales y filosóficas, etc.
Todas sus composiciones satíricas, a las que el poeta seguía llamando Sermones, a partir del año l30-29 tienen forma de cartas en verso por lo que se nos han transmitido como Epistulae. Este segundo grupo de sátiras recogidas en dos libros es una obra de madurez y en ellas predomina sobre todo el tono didáctico. Dentro de esta obra tienen un interés muy especial tres cartas extensas en las que Horacio hace una crítica estética de la evolución de la literatura romana; dos de ellas nos han llegado formando parte del libro segundo, mientras que la tercera se considera una obra especial titulada De Arte Poetica.
En la primera de estas cartas, dirigida a Augusto, trata el poeta de las relaciones entre la literatura griega y la romana; la segunda está dirigida a Floro, al que con un tono muy personal desaconseja que se dedique a la poesía; por último, la titulada De Arte Poetica, dirigida a los Pisones, es un análisis extenso y técnico del arte literario.
Tanto en los Sermones como en las Epistulae el objetivo de Horacio era llevar a la mayor perfección formal la sátira y consolidad sus posibilidades artísticas. El lenguaje, la selección de palabras, el tono que puede ser culto o popular según el tema tratado, resultan ser instrumentos perfectos para la consecución de ese objetivo.

4.- La sátira de la época de Nerón: PERSIO

Se ha comentado ya que las circunstancias políticas que se imponen en Roma con la llegada del principado destierran de la sátira el ataque personal y la crítica mordaz: así se ha comentado a propósito de Horacio. A lo largo del siglo I d. C. el ambiente de reprensión y de desconfianza se acentúa y la sátira se va volviendo cada vez más abstracta y retórica, perdiendo contacto con la realidad cotidiana. A esta época pertenece la obra de Persio.
Aulo Persio Flaco era de origen etrusco; nació en Volterra en el año 34, en el seno de una familia de orden ecuestre. Huérfano de padre a muy temprana edad, marchó a Roma donde recibió una esmerada educación. Murió prematuramente en el año 62, cuando sólo contaba 28 años. Sus seis sátiras fueron publicadas después de su muerte por el lírico Cesio Baso, a quien Persio había dirigido la última de ellas. Fue discípulo del filósofo estoico Anneo Cornuto y la influencia de éste sobre el poeta es enorme tanto en su obra como en su vida. Aunque no participó en la vida política, se movió en los ambientes de la oposición estoica al gobierno del emperador Nerón.
Persio tomó la inspiración y los temas de la filosofía estoica, a cuyo servicio puso su poesía. En todo momento, incluso cuando habla de teoría literaria, se sitúa en una posición moralizadora y convierte su obra en una exposición de la rígida moral del estoicismo de la época de Nerón.
Su obra no es muy extensa, no sólo a causa de su temprana muerte sino muy especialmente porque no era poeta de inspiración fácil: escribía, según afirma su biógrafo con poca continuidad y lentamente (scriptitavit raro lentoque). Escribió en total seis sátiras. La primera trata de los problemas generales de la poesía y expone su posición al respecto. En las restantes se desarrollan los temas particularmente queridos para los estoicos: el verdadero espíritu de la religión, la educación, la libertad y el desprecio de la riqueza.
Persio es un poeta de una gran obscuridad. Persigue el lenguaje coloquial, pero se deja llevar por la corriente imperante de su época de utilizar recursos expresivos tomados de la retórica. Su obra es una mezcla de discursos, monólogos, interrogaciones retóricas y antítesis. Por todo ello su lengua es poco clásica, difícil, llena de metáforas desconcertantes y de palabras obscuras.
Fue muy valorado en la Antigüedad y durante la Edad Media, muy probablemente por el contenido moralizante de su obra pero en la época actual ha sufrido, frente a los otros poetas satíricos romanos, una creciente desvalorización.

5.- El último gran poeta satírico: JUVENAL

Es característico del género satírico su carácter fuertemente personal, que hace que la vida del autor se transparente en su obra y que sean frecuentes las alusiones autobiográficas; así lo hemos visto en Lucilio, en Horacio y en Persio. Sin embargo ésta es la primera diferencia entre Décimo Junio Juvenal y sus predecesores: Juvenal en sus sátiras no nos cuenta gran cosa sobre sí mismo; sí nos informa su obra sobre sus sentimientos ante la sociedad de su tiempo y, en definitiva, sobre su talante interior, pero no hay apenas alusiones a su vida personal.
Se sabe que nació en Aquino, ciudad del Lacio meridional, hacia el año 60 y que murió a edad avanzada con posterioridad al 127. Parece ser que era hijo de un liberto adinerado y que vivió la vida difícil de los clientes que recoge él mismo en sus sátiras. De los escasos datos que tenemos parece desprenderse que hizo carrera militar y recibió una sólida formación retórica.
La juventud y parte de la madurez y de Juvenal transcurre durante el funesto reinado de Domiciano, prototipo de tirano que estableció un auténtico régimen de terror y que marcó definitivamente al poeta. En el año 96 muere Domiciano y se inicia con Nerva y sus sucesores una época de restauración política, social y moral; es éste el momento que Juvenal, ya de mediana edad, elige para comenzar a publicar sus 16 sátiras en cinco libros ordenados por el mismo autor.
En la sátira inicial del libro I que, como ocurre en sus predecesores, tiene carácter programático, expone su deseo de escribir sátiras a la manera de Lucilio, realizando una agria crítica de la sociedad de su tiempo. Sin embargo el poeta declara en esa misma sátira que sólo hablará de personas ya muertas, de manera que dirige su indignación tantas veces sofocada contra la época de Domiciano. La sátira IV es particularmente ilustrativa de cuáles son los motivos y las intenciones del poeta: desahogarse del horror experimentado en el inmediato pasado y resarcirse del obligado silencio. La crítica alcanza tanto al emperador, al que se censura su arbitrariedad y su crueldad, como a la clase senatorial, inclinada a la adulación y a la delación. Sin embargo esta crítica se hace extensiva al presente porque los defectos de la sociedad se perpetuaban y se hacían difíciles de eliminar.
La actividad literaria de Juvenal duró aproximadamente unos treinta años y, como es natural, se observan diferencias en el contenido entre las primeras composiciones y las últimas; con el paso del tiempo disminuye la virulencia de los ataques y aborda cuestiones morales y narraciones de menor carga satírica.
En el campo de la lengua y el estilo, Juvenal aporta a la sátira toda su formación y su experiencia de retórico. Destaca sobre todo en las descripciones rápidas y concisas, sacadas de la observación de la realidad. Su utilización de la lengua es admirable por su fuerza y por su poder evocador. Juvenal es, al mismo tiempo que uno de los máximos representantes de la sátira romana, el punto y final de este género, el más típicamente romano.

EPIGRAMA

1.- Características del género

Etimológicamente el término epigrama se usa para referirse a las composiciones destinadas a ser grabadas en piedra. Así pues los primeros epigramas fueron composiciones breves pensadas para su inscripción con carácter votivo o funerario. Este tipo de epigrama arcaico está perfectamente documentado en Roma, pudiendo adscribirse a este tipo de poesía los primitivos "elogia" (composiciones laudatorias en honor de difuntos) todavía en versos saturnios.
El epigrama literario, difundido extraordinariamente en época helenística, tiene su origen en estas inscripciones y de ellas toman gran parte de las características del género: brevedad, concisión, ingenio y vivacidad expresiva. El epigrama literario, concebido para ser leído o recitado, extiende su temática y pasa a expresar la más variada gama de sentimientos; encontramos epigramas eróticos, satíricos, costumbristas, festivos y, por supuesto, fúnebres.
En Roma los primeros epigramas literarios datan de finales del siglo II a. C. y, siguiendo la moda alejandrina, describen en dísticos elegíacos sentimientos amorosos. En la segunda mitad del siglo I a. C. encontramos dentro de la variada obra de C. Valerio Catulo una importante serie de epigramas en los que narra los vaivenes de su relación con Lesbia así como puyas y críticas a competidores y enemigos. Igualmente en la Appendix Vergiliana, obra al gusto neotérico y que se piensa que fue escrita por Virgilio en su juventud, figuran una serie de epigramas recogidos con el nombre de Catalepton ("composiciones ligeras").

2.- MARCIAL

Sin embargo el epigrama como forma literario alcanzó su configuración definitiva con Marco Valerio Marcial (aprox. 40 d. C- 103/104); él es el único escritor que adopta el epigrama como forma exclusiva para expresar sus ideas y sentimientos, dando a esta composición el carácter que actualmente tiene.
Nació Marcial en Bílbilis, una pequeña población situada en la Hispania Tarraconense. En el 64 marchó a Roma donde, falto de medios económicos, tuvo que adaptarse a la vida de "cliente" sometido a la protección de patronos. La mayor parte de su vida transcurre en Roma, pues ya no regresaría a Bilbilis hasta el 98, sólo unos años antes de su muerte, cuya fecha exacta no se conoce; el único dato que nos permite realizar alguna suposición en torno a la muerte de Marcial es que Plinio el Joven hace alusión a la misma en una carta fechada en el 104. Sin embargo, a pesar de su prolongada ausencia, la vinculación del poeta con su tierra española es uno de sus rasgos definitorios; su poesía deja entrever un amor obstinado por su tierra, sus paisajes y, muy especialmente, por el tipo de vida que allí se puede vivir.
Marcial escribía poesía para ganarse la vida; sus primeros epigramas fueron obras de ocasión. La primera colección figura como un libro aparte y se titula Liber spectaculorum; fue compuesto para celebrar la inauguración del Coliseo (anfiteatro Flavio) por el emperador Tito y describía los espectáculos que allí se sucedieron. De esta obra conservamos treinta y tres poemas interesantes por la información que proporcionan sobre este tipo de espectáculos. Al Liber spectaculorum siguieron dos nuevas obras ocasionales: Xenia y Apophoreta; eran pequeños poemas dedicados a acompañar los regalos que se intercambiaban con motivos de las Saturnales. Los Xenia y Apophoreta aparecen recogidos como los libros 13 y 14 de los epigramas.
A partir del año 86 comienza a publicar su obra más importante: alrededor de 1.500 epigramas agrupados en doce libros y basados en la observación burlona de la vida. Suelen ser composiciones breves, en la que se expresa con concisión y acierto una idea. El metro más utilizado es el dístico elegíaco, aunque utiliza también con frecuencia el coliambo y el endecasílabo. En algunos de los libros coloca como introducción un prefacio en prosa en el que se defiende de las críticas.
La poesía de Marcial no se explica sin la ciudad de Roma; por todas partes se muestra en sus epigramas con gran realismo los distintos tipos humanos que se movían por la corrompida sociedad romana de la época de los Flavios: cazadores de fortuna, delatores, glotones, etc... No faltan tampoco las alusiones personales y así se reflejan en su obra las dificultades de su vida de cliente, sus quejas por la tacañería de los patronos e incluso su demanda de regalos y préstamos. Las composiciones dedicadas al emperador Domiciano son abiertamente aduladoras, sin que parezca que esto le resultara humillante: consideraba la adulación un medio para sobrevivir, y lo cierto es que gracias a ella consiguió de Tito y Domiciano ciertos honores y compensaciones.
Como obra literaria los epigramas de Marcial responden a una postura de reacción contra los usos y modos literarios imperantes en su tiempo. Era ésta una época en la que predominaba un gusto clasicista que llenaba las obras de adornos mitológicos y retóricos, imponiéndose las declamaciones y descripciones de carácter épico. En el uso de la lengua se rechazaban las expresiones vulgares, el "llamar a las cosas por su nombre", el detenerse en asuntos desagradables sórdidos u obscenos. A todo esto opone Marcial su obra.
En primer lugar, frente a las grandes composiciones narrativas él se inclina por el epigrama, la forma más humilde de poesía; en segundo lugar reclama su derecho a expresarse con "la cruda verdad de las palabras" (lasciva verborum veritas). Consigue de esta forma una claridad de expresión difícilmente imitable y la sencillez de sus versos, a pesar de estar hechos con gran cuidado, da impresión de improvisación.
La intención de Marcial es simplemente representar la vida de la sociedad de su tiempo, sin falsos pudores y sin tapujos, quizá por ese motivo en ocasiones resulta excesivamente obsceno. Su actitud es más de cansancio y hastío que de indignación ante los vicios y defectos de la sociedad; busca provocar más la risa o la burla que la reprobación. La actitud de Marcial está lejos de la propugnada por los poetas satíricos porque no tiene intención moralizadora, no intenta provocar un cambio de actitud sino simplemente observar la realidad desde su aspecto más risible y jocoso. Además, y este es otro rasgo que lo separa de los poetas satíricos, nunca utiliza la invectiva o el ataque personal; las personas a las que se refieren sus epigramas son en la mayor parte de los casos imaginarias. Este deseo de no realizar ataques personales lo expuso con un verso que, libremente traducido, resume ese dicho popular que reza así: "se dice el pecado, pero no el pecador" (parcere personis, dicere de vitiis).
Su servilismo al dirigirse a los emperadores, la libertad en el uso de la lengua y la obscenidad de que son frecuencia hace gala motiva que su valoración haya variado según las épocas. En su tiempo tenía gran aceptación por el pueblo, mientras despertaba críticas airadas entre los poetas que respetaban las tendencias de la poesía clasicista. Lo cierto es que con su forma directa de escribir, con su ingenio y vivacidad dio al término epigrama las características con las que ha pasado a la literatura actual.

(Editorial "La Ñ")